La cosa ha comenzado recordando el Gran Premio de Canadá 2008, cuando Lewis Hamilton se quitaba de encima a su principal oponente al título, Kimi Raikkonen, golpeando el Ferrari del finlandés al final del pitlane bajo semáforo en rojo.
La cosa ha comenzado recordando el Gran Premio de Canadá 2008, cuando Lewis Hamilton se quitaba de encima a su principal oponente al título, Kimi Raikkonen, golpeando el Ferrari del finlandés al final del pitlane bajo semáforo en rojo.
Lo adecuado frente al instinto, la misma monserga de siempre. Y el caso es que el austral no es de esos que esperan a que el domador dé su permiso. Es un fuego encerrado en el cuerpo de un chiquillo que soñó una vez con pertenecer al club de los leones que desayunan corderos y, cuando buscan hacerse con el control del harén, no temen que les decoren la cara con alguna herida de garra o quién sabe si con el recuerdo de un feo mordisco...
El Gran Premio de Estados Unidos ha dejado más cosillas, obvio, ¿no?, pero hay que hablar del pibe sí o sí, porque el cabroncete sigue estando muy por encima de su vehículo, y, por ende, de su experimentado compañero, lo que nos pone en que habría que ir buscándole un sitio decente para 2025 por mucho que la parrilla para la próxima temporada esté prácticamente cerrada.