Será que ando últimamente muy sensible a los cambios imperceptibles de temperatura y a la dirección que toma el viento, pero todo esto de «promesa de color del automovilismo deportivo con infancia/adolescencia difícil, que tiene como mentor a un piloto o ex piloto (mecánico) blanco», me recuerda tanto a las viejas cintas norteamericanas sobre esclavos y plantaciones de algodón que, inevitablemente, llevo la mano a las cachas de mi 92FS de bolitas para desenfundarla con el gesto arrugado y la pipa en la boca...
Dice alguno en redes que no hay patrones negros en el motorsport ni jefes de equipo de ese color del que usted me habla y que por eso salen blancos, pero ¡coño!, que las películas son ficción y puestos a reivindicar algo mejor hacerlo a lo grande, pienso: Morgan Freeman como propietario japonés, Denzel Washington ejerciendo de mentor pero en plan Equalizer, y Samuel L. Jackson en el papel de tipo revenido que acepta a regañadientes poner a punto y enseñar los rudimentos de la profesión a Archie Madekwe.
