Ha muerto Diego Armando y la memoria se me va, supongo que sin querer, a aquella tarde del 24 de septiembre de 1983 en que Andoni Goikoetexea propinaba un hachazo descomunal al héroe azulgrana de las filigranas, la velocidad en el campo y los goles. Aquello supuso un delito de lesa humanidad para la prensa de entonces, ajena a la afición del austral a las drogas y al insano sacudir a sus parejas.
Malo, bueno de película, Dieguito gozaba aquellos días de ese halo de santidad que se arroga a los sobrehumanos, sean negros, morenos o blancos. Goiko se extralimitó. A todas luces lo hizo. El Athletic perdió en el Nou Camp por 4 a 0 y, el de Lanús, aunque herido, salió reforzado del lance porque el tipo de gente al que pertenece se hace fuerte donde otros se ahogan.
