No sé qué os extraña del asunto éste, por el cual, Susie Wolf se ha hecho acreedora a ser nombrada miembra (Aído dixit) de la Orden del Imperio Británico por su papel como mujer en el deporte, en concreto en el motorsport, y concretando más: en la Fórmula 1.
Llevo un día ganso, lo reconozco, y confieso, también, que lo primero que se me ha pasado por la cabeza al leer la noticia ha sido en qué coño andaba pensando la Queen británica para promocionar de esta manera a una mujer que adopta el apellido de su marido, que después de destacar un poquito como conductora en categorías inferiores y correr el DTM, se consume posteriormente en el garaje de Grove como piloto de desarrollo, precisamente cuando todos nos hemos coscado, gracias a Carmen Jordá y Davide Valsecchi, fundamentalmente, de que ser piloto de desarrollo es poquito más que ser un piloto de banquillo. Una anécdota, una nota de color de cara a la galería. Con el agravante de que Susie Stoddart, de no ser la esposa de don Toto Wolff (accionista entonces de Williams), seguramente no habría llegado ni a eso antes de anunciar su retirada para ser madre.