Es de primero de charla de bar soltar ¡¿vas en serio?! cuando un contertulio te cuenta que la empresa X chapa doce meses después de contratar a fulanito de tal, y que menganito, su jefe en el escalafón, lo recibiera con estas palabras: «El anuncio de que se une a nuestro equipo es una conclusión satisfactoria al proceso de refresco y revitalización del equipo. No necesita presentación. Su experiencia en ganar títulos será crucial en nuestro intento de buscar que X regrese a la lucha...»
El ¡¿vas en serio?! de antes se convierte en un sonoro ¡anda y no me jodas! cuando el narrador insiste: X se larga por donde vino pero asume los pasivos y cede los derechos de televisión ganados en la campaña en curso, con tal de que sobreviva el personal al menos una temporada más, aunque, a la postre, quedará que fulanito se hizo con todo por una libra esterlina simbólica, y arreó lo que no está escrito para evitar el naufragio con la ayuda de zutanito, que, amablemente, consiguió de la fábrica con la que colaboraba entonces, que ésta compartiese la exclusividad sobre un determinado producto pata negra de Mercedes-Benz.



