El aire está tan enrarecido en el interior de la cueva que a los vociferantes se les está olvidando que todo el mundo se refiere al fracaso de Alonso en la Indy 500, cuando hasta el jueves pasado el asturiano sólo era una parte minúscula de los equipos en que estaba integrado.
Hoy no hay coche, no hay equipo para excusarle como les ocurre a otros. Fernando corre con los gastos porque tiene unas espaldas tan amplias que se atreven a columpiarse en ellas hasta los más necios. Manda narices que sigamos con esto. Gil de Ferran le ha pedido perdón, Zak Brown nos contaba de qué había ido la aventura, Bob Fernley es historia —normal que este pasado fin de semana haya sido el que recuerdo que más palos de ciego he dado intentando justificar lo que carecía de explicación—. Oriol Serviá ha alabado su comportamiento, Antonio García ha llamado botijo a ese enjendro con el que el asturiano se empeñó en pelear a batalla perdida...



