Las 24 horas de Le Mans es una prueba de resistencia mítica. Este misticismo lo han dado todas y cada una de las ediciones que se han disputado. Como se dice de estos trazados, ellos son los que eligen a los ganadores. Si Le Mans no te quiere, nunca disfrutarás de las mieles de la victoria. Pero hubo un caso en que Le Mans se abrió para una familia, mejor dicho, para un padre y un hijo. A pocas jornadas del Día del Padre en Argentina, comenzamos con esta historia:
Estamos en 1950, y entre los pilotos inscriptos se haya un hombre de 45 años, de temple endurecido por el paso de la Segunda Guerra Mundial. Su nombre es Louis Rosier. Para esta aventura se hizo de un Talbot Lago que ya tenía cuatro años sobre sus cilindros. Entre los rivales de mayor talla, aparecen las Ferrari defendidas por apellidos de la talla de Raymond Sommer o el ex motociclista Dorino Serafini.

