La cosa ha comenzado recordando el Gran Premio de Canadá 2008, cuando Lewis Hamilton se quitaba de encima a su principal oponente al título, Kimi Raikkonen, golpeando el Ferrari del finlandés al final del pitlane bajo semáforo en rojo.
La cosa ha comenzado recordando el Gran Premio de Canadá 2008, cuando Lewis Hamilton se quitaba de encima a su principal oponente al título, Kimi Raikkonen, golpeando el Ferrari del finlandés al final del pitlane bajo semáforo en rojo.
Colaboraba entonces con Diariomotor, escribiendo a lo inglés porque a lo inglés todo suena más serio, incluso cuando escribes en castellano. Llevaba la Fórmula 1 pero se me adelantó Mario apuntando la noticia en portada porque era de tal calado que trascendía el margen de cualquier sección. Schumacher había sufrido un accidente mientras esquiaba. Las primeras informaciones eran confusas, tanto que resultaba complicado acertar a ver dónde nos llevaría todo. Yo publiqué cuando Michael ya había sido trasladado al hospital y el mundo del motorsport y el otro enmudecían.
Os leo.
Hot Wheels realizaba un set bastante exclusivo y en tirada limitada, que, bajo la denominación Campione del Mondo 2000 - 2001 - 2002 - 2003 – 2004, muestra, obviamente, el F1 2000, el F2001, el F2002, el F2003-GA (Gianni Agnelli) y el F2004, todos ellos bien detallados y estampados, y en los que la figurita correspondiente al Kaiser dentro del habitáculo, nos ofrece la decoración del casco característica del piloto alemán en cada año.
Me estaba apolillando y, a pesar de ser viernes de anochecida y que la F1 ha perdido quintales con respecto a hace unas semanas escasas, voy a calmar el mono escribiendo sobre lo que, a mi parecer, ha sido una pérdida de tiempo tratando de reivindicar a uno de esos seres humanos que no necesitan explicación alguna: Michael Schumacher.
Todo viene de la cantidad de Viagra que se ha consumido en Reino Unido por aquello de hacer más inspirador a Lewis Hamilton tras su tropiezo en 2021.
Visto cómo sigue el personal con Checo Pérez a cuenta de su defensa de posición ante Lewis Hamilton en Abu Dhabi, me ha dado por recordar cómo se justificaba a Vitaly Petrov en el mismo lugar hace ahora 11 años. El ruso, entonces, jodió (literalmente) las aspiraciones de Fernando Alonso frente a Sebastian Vettel haciendo lo que le tocaba hacer, o eso se dijo...
El Cielo nos vino a ver y, en 2012, Michael Schumacher hizo un gesto con el tricampeón de Red Bull en la prueba definitoria del campeonato: dejó de hacer lo que le tocaba hacer y cedió amablemente la posición en Interlagos porque aquella guerra ni le iba ni le venía, quizás también porque el de Kerpen siempre ha sentido algo especial por el de Heppenheim, para qué vamos a negarlo. Lo resalté, obviamente, porque lo deportivo no quita lo valiente. Pero este año, en Yas Marina, el que jugaba limpio con los dos litigantes por el título era el bicampeón del Mundo 2005/2006, el agraviado en 2010 y 2012.
Cada uno de nosotros se hace una idea del mundo única e intransferible, de manera que ya voy avisando que no encaja con la mía el docudrama Schumacher de Netflix, y no porque la figura del heptacampeón no quede bien reflejada al gusto de sus afines, más bien porque como documental obvia demasiadas cosas que a mí me parecen imprescindibles a la hora de entender al Kaiser, y como drama, carga excesivamente las tintas en un momento en que, querámoslo o no, Michael Schumacher sigue todavía vivo.
Ni siquiera la banda sonora compuesta por Christian Wilckens logra salvar el producto, repito, bajo mi humilde punto de vista. El alemán no es Antonio Pinto, auténtico artífice de que Senna no se desmoronara del todo, y aquí creo que está el principal escollo, en que los directores han tratado de quedar a la altura del trabajo de Kapadia cuando era materialmente imposible.
Hoy comparto con vosotros no un coche sino dos, concretamente el primer vehículo que puso en pista Jordan Grand Prix y el último, en total, 15 años concentrados en un bonito homenaje que hizo Minichamps a la aventura de Eddie Jordan como constructor en Fórmula 1.
Habitualmente coincidimos en hablar con cariño de Minardi —la de Giancarlo, obviamente—, pero no conozco ningún aficionado que no esboce una enorme sonrisa y al que no se le ilumine la cara cuando escucha pronunciar o lee el nombre Jordan, ya que el equipo con sede en Silverstone es (también) una de esas historias majas de nuestro deporte que te reconcilian con él.