jueves, 30 de julio de 2026

El discreto GOAT


Luigi no da para tanto como destaca, honestamente lo digo. Le pasa como a La Chica del 17 que cantaba Lilian de Celis y más tarde versionó Lina Morgan, y a su manera nos contesta La que quiera coger peces, que se acuerde del refrán, porque el británico sabe que sostiene la sartén por el mango y los medios especialistas beben de su mano.

El pasado Gran Premio de Hungría nos ha dejado un feliz sabor a ¡ya está!, ¡bajad el telón de una puñetera vez!, o acaso, ¡a ver si hay suerte y a la vuelta de verano esto resucita un poco! Lógicamente, con estos mimbres no se hace ningún cesto y la prensa, o eso que se autodenomina prensa, tira de Hamilton porque hemos vivido de él desde que aterrizó en la Fórmula 1 allá como en 2007 y, bueno, a lo mejor no se nota que han convertido al GOAT en un mero recurso narrativo, un tropo, como llaman los aficionados a este tipo de ardides cinematográficos que tocan la intimidad del público militante para que cante el karaoke e identifique al autor.

Mis desencuentros con Christopher Nolan siguen más activos que nunca después de visionar La Odisea, vaya por delante. Se me hizo duro aguantar el metraje de la cinta y, en buena medida, desconecté de la historia recién comenzada, lo que sin duda tiene un mérito tremendo ya que no soy sospechoso de renunciar tan pronto a amortizar lo que me ha costado una entrada. Diríase que no entendí nada pero supondría pecado de altanería y ni siquiera el director inglés lo merece. 

En fin, el Mundo Clásico me tira menos que otras merindades de nuestra Antigüedad. Leí La Odisea de Homero. He tragado toneladas de cine alusivo, lloré cuando el anciano Argos reconoce a su amo justo antes de morir (The Return, 2024), pero si alguien me pregunta seguiré recomendado la tetralogía que acaba de completar Stephen Fry con la publicación de su volumen Odisea. Nolan, no, supongo que porque su Ulises pretende ser inspirador y para seres de luz ya tengo a nuestro protagonista.

Si fuese posible devolver a Charles Leclerc todo lo que le ha quitado su propio equipo en lo que llevamos de temporada, a lo peor nos quedaba el Hamilton que vislumbro cada vez que al petulante éste se le regala un plano de cámara o una línea en un artículo. 

Desconozco cuándo una sanción de trámite es motivo de primera plana —exagero, aunque ahí le andamos—, pero con Luigi se ha convertido en un estúpido argumento que ya cansa, fundamentalmente porque su compañero monegasco volvió a tener mejor tarde que el ínclito en Hungaroring, aunque el pago a su compromiso con La Scuderia haya vuelto a ser un sonoro silencio de radio.

¡Algo huele a podrido en Dinamarca!, y mal vamos si hablar del de Stevenage puede servirnos para poner paños tibios a una actuación bastante discretita de Ferrari en tierras magiares, cuando El Mejor de Todos los Tiempos volvió a cumplir el trámite de hacer poquito en pista para quejarse mucho ante los micrófonos.

Os leo.

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