Dado que el Teniente Castillo ha descartado satisfacer mi solicitud de contar en el Gran Premio miamense con los chicos del Departamento de Antivicio (Miami Vice), me quedaba ponerme a dar un repasito al baño del estudio, actividad que finalmente he dejado para mañana, o armarme de valor, tirar por la tangente y sacudirme las neuronas escuchando a todo trapo Voices de Vangelis.
No entender nada es una cosa —¡es una cosa!—, pero resulta bastante diferente sentir cómo te van apartando de uno de tus entretenimientos preferidos entre chuminadas varias, neologismos, anglicismos baratos, abundante despliegue de ¡uy, uy, ay, ay! y lucecitas LED bajo continuas amenazas de que acabará lloviendo. No temáis, sigo siendo chico listo y le pillaré el tranquillo...


