El dominio aplastante de los R8 de Ingolstadt desde 2000, llevó al ACO (Automobile Club de L'Ouest) a intentar pararles los pies en 2005, con la aplicación en las 24 Horas de Le Mans de una serie de inusuales medidas restrictivas que no lograron su objetivo, pero, a cambio, incentivaron a Audi a acelerar el desarrollo de los R10 TDI.
El prototipo del flamante nuevo vehículo fue presentado bajo una enorme expectación a finales de ese mismo año. En apariencia guardaba un bonito aire de familia con el coche al que sustituía aunque estaba repleto de novedades, empezando por el chasis, que continuaba siendo monocasco de fibra de carbono, pero, ahora, ofrecía una menor rigidez estructural mientras aportaba una mayor resistencia global.
