Creo que ya lo he contado, pero entre los músicos de jazz americano de finales del siglo pasado corría un lugar común de conversación que decía más o menos así: «Los amateurs cuando se reúnen hablan de música, los profesionales, de dinero.»
Pues bien, Bernie no me cae bien, lo sabéis de sobra, fundamentalmente porque bajo su sombra no hemos dejado de hablar de deporte aunque tampoco hemos acertado a hablar en serio de dinero, lo que convierte nuestro chiringuito —que en el fondo ha sido el suyo hasta el lunes de la semana pasada—, en un lodazal de difícil definición en el que reina una bonita esquizofrenia colectiva.
