El madrileño Antonio Creus de Celis (nacido el 28 de octubre de 1924, y fallecido el 19 de febrero de 1996) pasa desapercibido cuando se habla de la F1 española, porque sólo participó en un Gran Premio puntuable y porque el grueso de su trayectoria se desarrolla sobre dos ruedas.
Con un referente cercano como Valentino Rossi, heptacampeón mundial de motociclismo, quien ha acostumbrado a flirtear con el mundo de los automóviles en modalidad rallyes, y recientemente a bordo de un monoplaza Ferrari; o con el de un Michael Schumacher, heptacampeón mundial de F1, metido a funciones de piloto de motocicletas en la actualidad; la cosa de que a los pilotos de uno u otro mundo se les pase por la cabeza conducir vehículos del otro parece una cuestión menor, un sencillo hobbie, cuando la realidad es otra. Y es que el mundo del motor, en su más amplio y amable sentido, ha facilitado el trasvase de figuras que han encontrado en el cambio de modalidad un incentivo para profundizar y perseverar en sus carreras profesionales —podría extenderme pero ni es el lugar ni el momento oportuno. John Surtees, heptacampeón mundial de motocicletas como Rossi, se alzó con el campeonato mundial de F1 en 1964, con un Ferrari 158, siendo el primero y único piloto que se se ha coronado en ambas disciplinas—.
