Hitler no ha llegado aún al poder pero en el sur de Europa ya marcha con paso firme un fenómeno social y político que marcará el periodo de entreguerras. El fascismo italiano se ha hecho fuerte en el descontento reinante y, bajo el mando del habilidoso Benito Amilcare Andrea Mussolini, está aprovechando la inestable situación económica provocada por el Crack del 29 para tratar de proyectar las bondades de su ideología más allá de sus fronteras. No obstante, las naciones de su entorno ven al país transalpino con indisimulado recelo.
Mussolini, Il Duce, tiene las ideas meridianamente claras: precisa convencer, necesita mostrar el éxito de su milagro, y para ello apuesta sin ningún tipo de remilgo por todo aquello que destaque el nombre de Italia en el mundo. Sin duda, el deporte es uno de estos ámbitos de interés, y donde mejor se conjugan poderío industrial, tecnología y espíritu italiano, es en el automovilismo.
