lunes, 20 de julio de 2026

Los nuestros


Puesto que los IndyCar tampoco corren bajo la lluvia, quién iba a decirlo, aquí me encuentro, a lunes, en tierra de nadie mientras conecto con la prueba que, hoy sí, se celebrará en el estado de Tennessee, de donde sale el Jack Daniel's que me he servido antes de encender una pipa y ponerme al teclado, por situarnos, concretamente en la población de Nashville, la cuna del Country y donde nació Newgarden, la peligrosísima mamba verde que compite en la NTT IndyCar Series.

No estoy al cien por cien pero ahí le andamos, recuperando poco a poco, y es que, después del abandono a mi suerte por parte de Amama en agosto de 2025, imagino que sumado a que me había jubilado el noviembre anterior, la vida se me antoja ahora menos complicada de lo que me pareció siempre y, bueno, me asaltan sentimientos aún menos contradictorios que antes, seguramente porque, cuando Josu y Nahiara me hagan finalmente abuelo tengo meridianamente claro cuáles van a ser mis prioridades a partir de entonces.

El caso es que anda la peña muy desnortada —es una opinión—, como si apoyar a Argentina frente a un puto televisor en una cafetería o en el domicilio pudiese conjurar los fantasmas que produce en ciertos ámbitos pronunciar la palabra España, al igual que para otros, descartar de su vocabulario los nombres de Lamine o Nico solucionara el aclarado instantáneo de la piel de nuestra selección nacional de fútbol, su pureza, vaya. Claudio, yo, y otros muchos, íbamos ayer en Gorliz con los nuestros porque el sentimiento de pertenencia ni se discute ni se mercadea con él, está ahí, lo sacas a airear de vez en cuando y hace unas horas vencieron los nuestros como en 2023 lo hicieron las nuestras.

Yo, no siendo especialmente futbolero, entiendo que hay momentos para todo, y para que cada cuál encuentre su minutito de gloria, pero ¡coño!, hay que ser especialmente espesito para no felicitarse por el éxito de los convocados por De la Fuente ante una albiceleste que se miró demasiado al ombligo durante todo el encuentro y acabó más desnortada que la peña a la que aludía en el párrafo anterior.

Probad a decir los nuestros, porque lo son, a ser posible sin ruido exterior ni interferencias, y seguro que encontráis la misma paz que me permitió anoche conciliar el sueño como si fuese un bebé.

Haceros ese favor y dejad de dar la vara, please! Os leo.

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