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miércoles, 13 de marzo de 2024

¿Alguien se acuerda de Hunt?


El proceso de infantilización de nuestro deporte parece imparable, y no es que sea malo en sí, lo malo es que supone una mina a medio explotar para Liberty Media, convertida ahora en el Norte de nuestra brújula mientras se agota la veta.

Hoy he leído en Twitter a un sacerdote quejarse de que la peña prefiere infantilizarse dando la espalda a la religión, y, mira, he pensado inmediatamente en nuestro entretenimiento y en los términos en que recriminan los mayores a los recién llegados cuando el debate es puritita guerra perdida. 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Los hijos de Lobato

Iba a titular esta entrada «Darle a Lobato puntúa», pero, aunque sea exactamente lo que sucede, he rechazado la idea porque supondría cosificar al periodista asturiano y hace mucho tiempo que mido mejor el alcance de mis pedradas, gracias, entre otras circunstancias, a la infinita generosidad de alguna de mis piezas de antaño. Hice daño, solicité clemencia y me la brindaron. Estoy en paz, ¡como para meterme en fregaos a estas alturas de la película!

Uno es imbécil hasta que despierta y asume que el mundo es complicadillo. Verlo de otra manera, honestamente, me parece una pérdida de tiempo.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Enjoy yourself It's later than you think


Vaya por delante que entre Antonio Lobato y Josep Lluis Merlos soy más de irme a tomar algo con el catalán que con el asturiano, y lo más cojonudo de todo es que él lo sabe. De los dos, jamás he pensado entrevistar al primero pero me busqué las habichuelas para meter al segundo en Nürbu [#VKt-04 (Josep Lluís Merlos)], aunque, siendo honesto, también tengo que admitir que es el periodismo de uno u otro el que los distancia, y lo que me atrae de Josep Lluis porque no tiene punto de comparación con Antonio.

Tampoco os voy a ocultar que en mis años mozos fui de señalar aquí mismo lobatadas y merladas, procurando hacerlo siempre desde el cariño, pero uno crece, o debería crecer, mejor dicho, y hay situaciones que se ve obligado a dejar atrás si pretende hacerse un machote. Me ocurrió con Manu Franco y, aunque me ocasionó algunos desencuentros con Jordi en SafetyCast, cuando lo de Gol, también me pasó con Josep Lluis. Hay alguien de carne y hueso detrás del personaje y sus errores y aciertos, y puesto que lo has sufrido en propias carnes —¡anda que no me han caído hostias en El Infierno Verde o en Diariomotor!—, aceptas que la vida es compleja y que lo mejor es recular de tus posiciones iniciales con tal de poder estrechar una mano y poder decir ¡hola! mirando a los ojos.

miércoles, 21 de agosto de 2019

¿Pero qué me cuenta usted...?


El nivelazo que alcanzan algunos razonamientos explica a las claras por qué seguimos yéndonos al cagarrón como sociedad. Ahora resulta que el alonsismo tiene la culpa de que Antonio Lobato y su equipo retransmitan el Mundial de Fórmula 1 a través de la plataforma que opera en España, cuando lo que sucede es que el formato exclusivo (y de pago) ha atrapado las avellanitas de sus principales promotores.

No hay que ser muy inteligente para comprender que las empresas de comunicación velan por sus intereses y resuelven sus problemas con soluciones que no siempre gustan a todo el mundo. Nos manejamos en un mundillo que sinceramente se me escapa. No sé cómo está el tema de las audiencias en la actualidad ni si es mejor o peor que antes, tampoco manejo información sobre la rentabilidad del actual producto en comparación con el anterior, lo que sí sé es que a mucha gente se le puso la herramienta bien gorda en cuanto tuvo oportunidad de separarse del vulgo, y que en el pecado estaba la penitencia.

viernes, 21 de septiembre de 2018

¿Es tan malo Lobato?


Si Antonio dispusiera de todo el poder que se le arroga, seguramente otro gallo nos estaría cantando, de forma que o es falsa la ecuación en la que interviene, o la ecuación de la que es protagonista es más falsa que un billete de cuatro euros. Por muchas vueltas que le demos, no hay más.

Hablo de Lobato como podría hablar de cualquier otro comunicador. A ver, el asturiano es el cabeza visible de la única plataforma que sirve Fórmula 1 en España, y entiendo que haya que sacudirle poco, mucho o bastante, según la cuota que le corresponda, pero lo que no resulta admisible es que se le convierta en una especie de sumo sacerdote de una secta cuando resulta tremendamente sencillo ver desde nuestro país nuestro bendito deporte a través de otros canales.

lunes, 23 de julio de 2018

Al salir de clase


Hay quien se pone a jugar con números y le acaban estallando en las manos. El caso es que llevamos bastante tiempo asistiendo a cómo se va abriendo camino entre nosotros uno de los numerosos sindioses que nos rodean, y, al cabo, te encuentras con que lo han comprado incluso los allegados, sin reparar en la metedura de pata que están cometiendo.

Comparar calidad con valor (de mercado) nunca ha sido una buena idea. Mucha gente atiende a la llamada de las rebajas y compra con abundancia hasta agotar las existencias, pero ello no quiere decir que la calidad del producto haya ejercido de efecto llamada salvo en casos muy, muy puntuales. Es el precio, normalmente, el que resulta atractivo, la calidad suele importar poco.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Button, Lobato, y un guindo cualquiera


Me he despertado recordando la conversación que mantuvieron Fernando y Jenson el año pasado durante los primeros compases del Gran Premio de Mónaco, cuando McLaren conectó con Indianápolis y el piloto británico advirtió al español que se iba a hacer pipí en el habitáculo de su coche...

La escapada de Alonso había sentado mal a los de la Cofradía de las Santas Buenas Formas. El asturiano sacrificaba el Gran Premio de Mónaco para hacer pinitos en la Indy 500 y aquello resultaba feo, un desaire, una pataleta de un tipo consentido por sus jefes que debía haberlo dejado hacía tiempo, aunque a la postre, nos iba a permitir disfrutar del gran Button al volante del MCL32. Como parte buena —toda historia amarga la tiene, ¿qué pensábais?—, se entendía que con Bernie estas cosas no sucedían, ergo, Liberty estaba haciendo el deporte más asequible.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Volando sobre el asfalto [Antonio Lobato]


Con el sugerente subtítulo: «Los años que tocamos la gloria en la Fórmula 1»,  el periodista Antonio Lobato nos ofrece en su libro «Volando sobre el asfalto» (Planeta, 2015), una bonita oportunidad para acercarnos a aquel instante en que España fue puesta en el mapa de la máxima diciplina del deporte del motor gracias a Fernando Alonso, obviamente desde una perspectiva personal que recuerda en algunos de sus párrafos y salvando las inevitables distancias, a las crónicas de los reporteros de guerra.

Lobato no se complica la vida. Cuenta en primera persona lo que vivió y sintió desde que le eligieron para acercar la Fórmula 1 al espectador medio de Telecinco, hasta que Alonso está a las puertas de arrancar la temporada 2007 defendiendo los colores de McLaren con dos títulos mundiales bajo el brazo...