Me gustan estos momentos en que todo está decidido, o casi, porque se abre un apacible espacio en el que los gorilas del Virunga enseñan herramienta y marcan territorio, y los que se han pasado la temporada dando lecciones aquí y allá, bajan el tono y las orejas porque, en el fondo, todos nos conocemos.
Incluso los trolls comienzan a volver a sus respectivas moradas de invierno, a quitar el polvo, a hacer la colada y adecentarlas un poco, que tanto tiempo fuera de ellas ha pasado factura y no es plan evitar el frío durmiendo sobre más mugre que la necesaria. Los ñúes miran con tristeza el Serengueti y la sabana los despide hasta el año que viene, consciente de que volverán, ora siendo de Max; ora otra vez de Sebastian si le va bien al zagal; ora de Lewis, la apuesta buena.
