La cosa de ayer fue tan sutilmente preparada que Charles se ha quedado sin poder participar en el Gran Premio de Mónaco porque, a pesar de los esfuerzos desplegados por los mecánicos de Maranello, su monoplaza seguía dañado, esta vez de muerte. Y con ésta van dos que le debe Ferrari al monegasco.
La primera sucedió en Bahrein 2019, cuando el chaval se desató la melena e hizo soñar a los tifosi con una victoria que terminó evaporándose cuando dijo basta la unidad de potencia de su SF90. La segunda ha ocurrido hace unas horas y, como yo, hay muchos que no entienden cómo la italiana ha roto el curfew para nada...

