Con quitarme de encima el polvo de sílice me doy por satisfecho. El Dakar, Bahrein y Arabia Saudí, ¡toma ya!, ¡parecía que no salíamos de Arrakis!, y mejor no doy ideas, lo sé, pues es mentar en regalo envenenado que hizo el Emperador a la Casa Atreides y pensar que, entre la propuesta de peraltada a setenta metros de altura en pleno parque temático de Qiddiya y las sartenadas que toca leer últimamente, sólo nos faltaba contar con gusanos de arena velando por el obligado cumplimiento de no superar los límites de pista.
Me lo disculpáis, pero acabo de salir hoy mismo de un trabajo de esos que ayudan a llegar a fin de mes y apenas dejan rastro, salvo, acaso, la honda satisfacción que produce haber enviado la factura y que el cliente no haya puesto ni una pega...





