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miércoles, 24 de mayo de 2023

Nos visita la NASCAR [#BlueTrain/117]


Permitidme que retrocedamos brevemente hasta la edición de las 24 Horas de Le Mans de 1976 [A plena potencia, 1976 (#24LeMans 44)] para encontrar dos monstruos de la categoría norteamericana circulando en La Sarthe. La prensa francesa los bautizó precisamente así: Les deux monstres, y así los conocieron los aficionados y público galos a pesar de que tan sólo supusieron una anécdota que puso color a la carrera.

La pareja estaba compuesta por un Dodge Charger propulsado por un 7.0L Hemi de la marca, y un Ford Torino con su correspondiente Ford 7.0L. Dos V8 glotones a más no poder, convenientemente acondicionados para resistir la cita en Le Mans pero que terminaron abandonando, el primero rodando en la tercera vuelta, oficialmente por sobrecalentamiento del circuito de aceite aunque se habló de que se le había atragantado el octanaje del combustible europeo; el segundo aguantó hasta prácticamente sobrepasar las tres de la madrugada del domingo 13 de junio, aunque acabó su aventura por rotura de una caja de cambios acostumbrada a soportar, por prueba NASCAR y como promedio, el mismo trajín que se le exigía en La Sarthe en cada giro.

jueves, 30 de abril de 2020

Ya faltaba: el 333 SP


De nuevo traigo a Nürbu un modelo de los considerados baratos, de esos que miran de reojo algunos coleccionistas patanegra —también hay estiraditos en esta afición, como en todas las esferas de la vida—, aunque es un IXO apalabrado para Altaya en su última colección sobre las 24 Horas de Le Mans, que representa el Ferrari 333 SP de Doyle-Risi Racing, con el que Fermín Vélez, Wayne Taylor y Eric Van de Poele, terminaron octavos en la edición de 1998 de la prueba francesa.

El 333 SP es el último Ferrari que compitió en las categorías grandes de Resistencia. Diseñado inicialmente para el IMSA WSC (World Sports Car), campeonato del que hablamos al referirnos al Riley & Scott Mk III [El Mark III], Dallara fue la encargada del desarrollo de la denominada Primera Serie (1993 a 1995), que llegó a contar con Tony Southgate en su etapa final.

domingo, 26 de enero de 2020

Los hombres de negro


El equipo dorsal número 10, integrado en Konica Minolta Cadillac de Wayne Taylor Racing, ha revalidado esta edición de la Rolex 24 at Daytona el éxito absoluto cosechado en 2019, de forma que Kamui Kobayashi y Renger Van der Zande se han consagrado como ganadores consecutivos de la prueba norteamericana en compañía de Scott Dixon y Ryan Briscoe —el año pasado los otros dos tripulantes fueron Jordan Taylor y Fernando Alonso.

La ausencia de inclemencias meteorológicas y los pocos periodos bajo bandera amarilla, han definido una carrera rápidísima que como decía mi amigo Elín: en la categoría DPi consistía en musculatura, y aquí los Cadillac han vuelto a imponer su ley a pesar de que el BOP (Balance of Performance) beneficiaba inicialmente a los Mazda, ya que estos, a pesar de haber dominado buena parte de la prueba, no han sabido o podido materializar su estrecha ventaja. El trabajo en garajes del equipo ganador ha sido una de las claves que ha permitido a los pilotos mantenerse en la pomada y devorar kilómetros hasta ponerse definitivamente en primera posición.

domingo, 27 de enero de 2019

La danza del vientre


Salvo en la intimidad bailo rematadamente mal. Bueno, en la intimidad también debato en perfecto inglés con el Speaker del Parlamento Británico y canto que ni Beyoncé, pero creo que es más culpa de ella que mía porque la muy engatusadora me quiere como una madre.

En la intimidad también pensaba que Fernando podía ganar la Rolex 24 at Daytona de este año y hasta entrené la danza del vientre por si hacía el caso, pero una cosa es la intimidad y otra el terreno abierto, y ahí me empezaban a temblar las piernas en cuanto se daba el banderazo de salida. Jordan iba sexto al principio ya que el Cadillac dorsal número 10 había partido sexto, y nos reíamos porque tengo una marcada tendencia a calmar los nervios tirando de sentido del humor, a veces negro zahíno, algo que sea dicho de paso, suele sacar de quicio a los funambulistas del rigor y las buenas costumbres, ¡ejem, ejem!