El azar ha querido que se hayan juntado en la misma instantánea el mensaje «Si bebes no conduzcas» [When you drive never drink], unas protecciones bastante maltrechas, un coche descacharrado patrocinado por Tasmania, un piloto que parece necesitar que le repitan dos veces que sigue vivo, y unos comisarios que salieron por patas y han vuelto a sus respectivas posiciones después de un susto morrocotudo.
Como ya sucediera en el Gran Premio de Bélgica de 2018 [Rocket man], una idea de la FIA provoca un accidente y otra salva los muebles, que esta vez tengo que admitir que sí, que visto la que se metió Alex Peroni el sábado en Monza, el Halo en verdad le vino a ver al piloto australiano...
