Hamilton se siente regulinchi pero no sabe expresarlo adecuadamente, ni con sentido del humor, y su actitud ha llevado a los entregaditos a meterse en un nuevo jardín, porque, a ver, ¿cómo se le puede negar a un deportista de élite sufrir problemas de estrés...?
Obviamente nadie le niega nada, lo que sucede con el británico es que, lisa y llanamente y para los que le conocemos desde al menos 2007, ha venido utilizando todas las teclas de victimización posibles para ensalzar su figura comprometida y, como a Pedrito, el del cuento Pedro y el Lobo, en la actualidad resulta difícil creer que le esté pasando algo parecido a lo que le sucedió a Simone Biles, por ejemplo.
