Las prisas no son buenas. Nos lo decía mi abuela, mujer sabia como pocas, y seguramente se lo diré yo a mis nietas porque sigue y seguirá siendo una verdad incontestable.
El caso es que la Fórmula 1 vuelve de sus vacaciones estivales y parte de nuestra querida prensa especialista continúa fiel a sus viejos vicios. Seguramente, me diréis, no conoce otra manera de encontrar una planta más profunda en el sótano de su fracaso (Antonio Recio dixit), lo que en modo alguno supone un consuelo pero sí un claro síntoma de que en muchas redacciones se necesita urgentemente suscribir un plan severo de rehabilitación.









