Lo hemos comentado en alguna otra ocasión pero viene bien traerlo de nuevo ahora, cuando, nada más levantarse, vuelve a tocar vestir el chaleco antifragmentación por si las moscas, y mejor colocar el casco de kevlar protegiendo las avellanitas, como hacían los marines en Vietnam cuando, por llevar la democracia hasta los últimos confines del mundo, se hacían acompañar por La Cabalgata de las Valquirias y sobrevolaban las aldeas enemigas montados en sus helicópteros.
Hay mucho ruido ahí fuera, tanto que si te descuidas te puedes comer un bulo o una esquirla de chisme que impactarían a lo loco en las partes más delicadas de la anatomía humana, ya me entendéis.









