Hasta este próximo 31 de diciembre no creo que encuentre agallas para dejaros huérfanos, y lo digo porque sólo han transcurrido un par de jornadas desde que escribí la entrada del martes y ya me habéis preguntado en dos ocasiones si va todo bien.
Por pudor no he hablado mucho de esto, pero venía muy tocado después de la pérdida de Jero y, como conocéis de sobra, en agosto se sumó la desaparición de Amama y un mes después Cata se fracturaba el hombro. Psicológicamente hablando he aguantado bastante bien los sucesivos trallazos. El hijo mediano de Julián y Matilde se ha preparado concienzudamente a lo largo de su vida para aguantar estos esfuerzos, además, junto a mi anciana madre habíamos hablado tanto del día después que, ilusamente, (me) parecía un trámite. Pero mi cuerpo me estaba esperando, y en cuanto las aguas han ido remansando, el muy cabrón se puso a emitirme facturas al cobro, que no detallo por no hacer este párrafo más aburrido de lo que está saliendo.









