Minourtxu —pronunciado Minurchu—, está con nosotros desde hace algo más de ocho años, aunque su pequeño tamaño, sus ojos enormes y su comportamiento curioso y juguetón, hacen que siga pareciendo una cría. Además es habladora, facultad muy apreciada entre los amantes de los gatos, lo que complica bastante ponerse serio con ella cuando la ocasión lo exige.
Llegó a casa por puritita carambola y ya bautizada (Minour, léase Minur). Teníamos entonces seis mininos y a Eileentxu, la perrilla, y parecía que no cabía un alma más, pero nos la bajaron para unos días mientras se acondicionaba el caserío donde finalmente iba a vivir su familia, y el caso es, que, cuando llegó el momento no hubo manera de separarla de sus nuevos colegas. Ni lo intentamos, la verdad. La chiquitina había encontrado su mundo, había elegido dónde quedarse, y los demás nos limitamos a respetar su decisión.









