Hombre, sí, Alonso puede llegar a parecer gafe si te has pasado media vida, o la vida entera en según qué casos, recogiendo amablemente el jabón que se les caía al suelo a los británicos en la ducha... eso y poniendo la vaselina, claro.
A ver, no es por ofender a nadie, o sí, qué más dará, pero si comprendes mínimamente este negocio, lo normal es que entiendas a la primera por qué Fernando no ha encajado en las preferencias de aquellos que decidieron elevar a los altares a un Vettel, un Hamilton o un Norris, por tirar de ejemplos a mano, ya que la figura de Verstappen no admite este tipo de retóricas aunque sus inicios estuvieron marcados por la la luz de la estrella de Heinekken.









