Ahora que hemos perdido a Sam Neill y se han rescatado muchas de sus reflexiones, no puedo por menos recordar que también Pitufo partió a ese Mundo de Nunca Jamás un negro 7 de diciembre de 2024 [¡Te quiero, precioso!], dejando tras de sí un lugarcito precioso [Curiosidades de ingeniería, con Jero], al que, por razones obvias, sólo peregrinamos unos pocos, desde luego muchos menos de los que sería aconsejable que lo visitaran antes de mezclar churras con merinas en cuanto se ponen al teclado, con Honda y Newey, por ejemplo.
La gramática parda que nos afecta es sencilla de cojones y sólo se complica cuando entramos en el detalle, que es donde suelen quedarse los egos sobredimensionados que buscan el rédito fácil en redes sociales.









