A ver, el Luce es un vehículo de estética molona pero no para ser un Ferrari. De la de Maranello se esperan otro tipo de cosas, o de sensaciones estéticas, ya que estamos, pero no algo así, que sólo conseguirá que vuelvas la vista cuando pase a tu lado porque lleva el escudo de Baracca en los laterales de la carrocería, y, a renglón seguido, haga que te preguntes ¿por qué? si parece un puto engendro eléctrico chino o coreano de alta gama, of course!
Obviamente estoy con el bueno de Luca [«La destrucción de un mito»: la lapidaria crítica de Luca di Montezemolo a la primera Ferrari eléctrica], pero si traigo el trasto de marras a colación no es por ejercer de cuñadete —el común de los mortales no tiene dinero para pillarse un bicho de estas características, así que huelgan las palabras sobre el calado de mis preocupaciones—, sino por establecer ciertos paralelismos con la figura de Lewis Hamilton en la mítica.









