Nada que objetar aquí. Ya imaginábamos lo caros que iban a resultar los adelantamientos y, además, Pirelli se había juramentado a no dar sustos en La Monumental y, lógicamente, salvar el curvón del MadRing nos ha supuesto el pecado y la penitencia de una prueba que fallecía de muerte natural cuando Hamilton advertía que los frenos de su SF-26 no le daban para continuar y abandonaba en el giro 6, más o menos.








