¡Gracias, pequeño!, y te lo digo desde la constancia de que, hace hoy once años, me dejaste solo y en mis manos depositaste la dura misión de ser el Jefe de la Tribu, encargo que he cumplido escrupulosamente, tanto que, a día de hoy, nadie en nuestra familia cuestiona que sigamos siendo una unidad en lo esencial, con lo franquista que suena eso.
Tu hija pequeña suele decir que a Koketxu no te lo recorres ni en siete vidas, pero se lo voy a poner francamente difícil, ya que a partir de ahora harán falta diez o doce para encontrarme las vueltas.









