martes, 22 de septiembre de 2020

The quiet man

Lo de Ferrari está resultando un continuo enaltecimiento del sentido del drama. Mattia Binotto acaba de admitir recientemente que la rossa va con lo puesto hasta Abu Dhabi y más allá porque está trabajando a destajo en la nueva unidad de potencia que verá la luz en 2021: «Of course, 2020 is a very difficult year for our team, it was difficult for us from the very beginning, because now we have almost no opportunities to modernize the car. But the situation should improve next year. In particular, we will have a new engine, the development of which we are now very actively engaged in and have already begun bench tests. Of course, the challenge is to achieve better results in 2021 than this season» [Binotto: The challenge is to perform better in 2021].

Año de congelación por delante (salvo las evoluciones que permite el sistema de tokens), pero con más caballos y mayor fiabilidad es posible que el SF1000 demuestre por fin de lo que es capaz, eso sí, con Charles Leclerc y Carlos Sáinz en sus respectivos habitáculos, lo que ha llevado a los del ¡Salvar al soldado Seb! a poner en cautela las palabras del Director Deportivo de La Scuderia, ya que, argumentan, o Maranello está vendiendo humo o sería muy necio por su parte renunciar a la participación de Vettel en el desarrollo de la planta motriz...

lunes, 21 de septiembre de 2020

El Tour y las 24 Horas


Ya voy advirtiendo que de ciclismo ando lo justito para no preguntar si las bicicletas de carrera llevan rueda de repuesto —Amama está más ducha que yo; si hay ciclistas en la tele los prefiere al Sálvame—, pero si Luis [Ortego] señala en Twitter que el Tour de Francia y las 24 Horas de Le Mans han coincidido este año por cuarta vez en la historia de ambas pruebas, que no ocurría desde 1956, y que, como anécdota reseñable, en esta ocasión han finalizado el mismo día, bien me parece echar unas líneas sobre tan curioso suceso para que, luego, los que estéis interesados os entretengáis buceando en sus pormenores.

El hilo original está aquí [dentro enlace], y como Luis se maneja infinitamente mejor que yo en estas cosas, con él os dejo, pues, repito, el ciclismo no es lo mío más o menos desde que Indurain colgó la bici profesional, que no ha llovido ni nada.

Os leo.

¿Y ahora qué?

Retomamos la rutina después de un fin de semana de órdago. Volverán las oscuras golondrinas y tal, bulos por aquí, cotilleos y chascarrillos por allá, filtraciones, noticias sin confirmar por acullá; el ¡ya lo dije!, Ferrari, Vettel, Racing Point; Lewis y sus luchas por el bien de la Humanidad...

La verdad es que he agradecido que estos días pasados la realidad haya surgido de lo que sucedía en el asfalto y los garajes y no de las páginas de las revistas, los portales y las benditas redes sociales. Todo estaba en su sitio y vio Dios que era bueno, pena que la fiesta se haya terminado y toque recoger y poner el lavaplatos pensando en ¿y ahora qué?

Os leo.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Lo literal, idiota, lo literal...

El solo hecho de morder el polvo en Le Mans por tres veces consecutivas debería valer como hazaña al alcance de muy pocos mortales, pero hete aquí que, mientras unos hemos crecido en este aspecto, hay quienes siguen observando la vida en términos literales: blanco o negro, sin grises.

En este orden de cosas, alegrarse por la victoria de un piloto implica alegrarse por la derrota de su contrario, y cometer delito de odio si se hace crítica o se entiende que hay cosas que no encajan o se ponen pegas. Blanco o negro a pelo, sin más...

El japonés que no tocaba

 

Produce una infinita ternura que todo se haya reducido al coche de Pechito cuando fue mayúscula la turrada que nos metieron en 2018 y 2019 a cuenta de que Fernando no corría solo, nunca corría solo [Fernando Alonso y Daytona: una victoria de equipo, no de un solo hombre].

Brendon Hartley, Sébastien Buemi y Kazuki Nakajima han ejecutado una carrera increíble, y se han coronado campeones de las 24 Horas de Le Mans y casi del Mundial de Resistencia 2019/20, porque se quedaron sin rival a mitad de madrugada, pero, sobre todo, porque han gestionado mejor sus oportunidades. 

Olla a presión

Podéis pensar que soy un desconsiderado, pero pienso que todo este paternalismo rancio y gilupuá que se ha desplegado desde las entrañas de Milton Keynes para que entendamos que Verstappen está muy frustrado, pero muy mucho, vamos, la órdiga bendita de frustrado, que está siendo propagado por la prensa amiga y sus mamporretas de todo el orbe conocido, sin el mínimo rubor y decoro, cabe decir, tiene más que ver con el miedo a que el holandés empiece a largar de verdad que con su situación personal.

Llevo mal que se trate como a un chiquillo a un tío que se viste por los pies y acepta el reto de jugarse el tipo en cuanto se sube al habitáculo de su coche y comienza a rodar. Max es egoísta como han sido toda la vida los conductores de carreras. Quiere ganar porque para eso eligió una de las profesiones más duras del mundo. Tiene manos y cabeza y un hambre infinita, y normal que que esté hasta los pelendengues de verse obligado a doblar la rodilla porque Honda no hace su trabajo. Edulcorar o tratar de matizar todo esto es de auténticos memos, pero ésta es la nueva Fórmula 1 y si pestañeas te la pierdes...

Os leo.

La carrera elige

 

Hace tanto, tanto tiempo, long long a go, que los niveles de incertidumbre en Fórmula 1 andan por los suelos, que demasiados aficionados han dejado de asimilar que existen carreras que eligen a los ganadores y los pronósticos apenas valen en ellas lo que un papel mojado.

Éste es un problema íntimamente ligado a las épocas de dominio técnico, tan escasas en la antigüedad y, desgraciadamente, tan prolongadas y abundantes en la actualidad. Todo parecen habas contadas desde que se da el banderazo de salida o se apagan los semáforos, pero como venimos diciendo, todavía hay pruebas que se muestran renuentes a aceptar la tonta deriva de los nuevos tiempos. 

Se viene Sochi

 

Conviene no olvidar que mañana entraremos en capilla con el Gran Premio de Rusia, que se disputará en el afamado circuito de Sochi, a orillas del Mar Negro y cerca de la vertiente occidental de la cordillera del Cáucaso. 

Cthulhu perfectamente podía residir allí echando las horas hasta su despertar definitivo sentado en una mesita de playa, ataviado con chancletas, bermudas, una holgada camisa hawaiana, gorra y gafas de sol de marca, pasando desapercibido mientras se refresca bebiendo un daikiri, vamos, pero Lovecraft no conocía Sochi. En realidad pocos conocían la ciudad rusa hasta que el COI la marcó en el mapa como sede de los Juegos Olímpicos de Invierno 2014. 

Hay gente imprescindible

 

A estas alturas de la película voy muy salido de cuentas y acepto como animal de compañía que quizá no sean horas, pero el año pasado, y el anterior, el televisor vibraba con la presencia de un lobo devorando kilómetros y segundos a sus rivales, y a fecha tal que Le Mans 2020, Tomás y Javier, así como sus invitados y colaboradores, se limitan a rellenar con voz una carrera que adolece de falta de protagonistas de primera línea.

Está bien la narración de un evento en el tono más neutro posible —la equidistancia y tal, que ya sabemos—, pero no jodamos con que atrae lo mismo narrar las evoluciones en pista de una reala que tener sobre el asfalto de La Sarthe a un tipo que realmente va a por todas, que clava tiempos vuelta a vuelta, que recorta en cada giro como un endemoniado. 

sábado, 19 de septiembre de 2020

La noche en Le Mans

 

La noche en La Sarthe es mágica, pero no para los que van dentro de los vehículos. Para ellos, más bien, es una etapa de la carrera bastante jodida porque el cerebro del ser humano sufre para adaptarse a los estímulos cambiantes que se originan en una cuerda de más de 13 kilómetros en la que hay más zonas oscuras que iluminadas, lo que acarrea que, algunas veces, los pilotos disciernan lo que tienen delante aquejados de visión de túnel.

Las pupilas se abren y cierran mediante músculos y estos acumulan cansancio como un bíceps, un trapecio o un doble gemelo. Los ojos claros reaccionan peor a los cambios de luz que los oscuros, etcétera, incluso con las viseras dotadas de filtros polarizantes y la ayuda de los potentes faros. Mark Webber admitía en su libro [Aussie Grit: My Formula One Journey (Mark Webber)] que la noche de Le Mans le supuso una experiencia muy diferente a lo vivido en las carreras nocturnas de Fórmula 1. Muchos lo notamos la madrugada del 15 de junio de 2014. El australiano iba más cauto que durante el día, tiraba menos, no era un gato de los muchos que han disputado las 24 Horas.