Gracias a Elena (Helencilla) he recordado cómo pulsaba mi corazón cuando, ya en la universidad, comprendí que o estaba más despierto a partir de aquel instante o me iba a perder un trozo indispensable del pastel. Kate Bush, Wuthering Heights, Kate Bush, Running Up That hill...
Aquel primer año nos supuso a mí y mis compañeros, un espacio donde pudimos sacar lo mejor de nosotros mismos. El paso de Escuela de Artes y Oficios a Escuela Superior de Bellas Artes trajo consigo que, desde septiembre, cuando oficialmente debería haber comenzado el curso, hasta febrero, que fue cuando finalmente nos dieron el banderazo de salida y se iniciaron las clases, pasamos tanto tiempo juntos que lo mismo que compartíamos lecturas y música o recomendaciones de cine, dispusimos de espacio para hacernos amigos, hermanos, enemigos; para admirarnos, filosofar; para hacernos amantes o novios, para cuidar de recién nacidos y criaturas de pocos años, e idilios, o, incluso, para seguir puntualmente el embarazo de una compañera o temer por la vida de Tori cada vez que intentaba quitársela de nuevo.









