Vettel, Monza, su Toro Rosso y la lluvia. Nadie recuerda a estas alturas que el Gran Premio de Italia de 2008 comenzó bajo una copiosa cortina de agua y en régimen de Safety Car, ni que cuando el coche de Maylander abandonó la pista antes del inicio del tercer giro, Sebastian ya estaba llamado a firmar su primera victoria en Fórmula 1 mientras Bourdais aún no había comenzado a negociar la Parabolica...
Álex y yo somos envidiosos por naturaleza, para qué voy a engañaros, aunque en nuestro descargo diré que sólo envidiamos sanamente porque hacerlo con maldad pudre el alma, y, como comprenderéis, ninguno de los dos está por la labor.









