Lo he escrito muchas veces, pero, si es necesario, lo repito de nuevo: del Nano viven tanto los que lo alaban hasta el hartazgo como los que lo mencionan a la mínima, para destriparlo, claro...
Este magnetismo que irradia el asturiano es un arma de doble filo, pero tiene de bueno que nos permite cribar a los más mermados del barrio, esos que no saben atarse los cordones de los zapatos, pero, así y todo, no pierden oportunidad a la hora de meterse en jardines de difícil salida porque opinar es libre, aunque, fundamentalmente, porque mantener seguidores en redes sociales, o ampliar la plantilla, les supone una auténtica prioridad —leed esto con la voz de Marcos Mundstock, please!—, en la que, obviamente, no cabe reparar en gastos aunque el riesgo sea cubrirse de gloria.









