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domingo, 26 de enero de 2020

El Maserati A6 GCS


Desgraciadamente ya no se hacen coches bonitos porque la belleza cotiza a la baja frente al rendimiento y la eficiencia. No digo que no haya vehículos bellos en la actualidad, sólo apunto a que la estética ha perdido punch en el diagrama. Y es que al hilo del Peugeot 3 litres Indianapolis que comentábamos hace unas horas [El 3 litres Indianapolis], me apetece compartir con vosotros otra joyita de mi colección de miniaturas a escala 1/43, el Maserati A6 GCS que fue tripulado por Alfonso de Portago y Carlo Tomasi en la edición de 1954 de las 24 Horas de Le Mans, una escultura rodante, bella hasta decir basta.

Perteneciente al catálogo de la casa italiana Bang, lo cierto es que me hice con ella a muy buen precio porque tiene una muesca en el parabrisas que arreglaré en cuanto tenga el estudio en perfecto orden de batalla. En mis años mozos hice dioramas y maquetas para museos y colecciones particulares y es una actividad que no se olvida, como montar en bici, y en cuanto veo posibilidades de restauración en un modelo a escala, la verdad, no me lo pienso dos veces...

domingo, 9 de marzo de 2008

Alfonso De Portago (1928-1957)


Alfonso Cabeza de Vaca y Leighton, décimo séptimo marqués de Portago, a pesar de haber nacido en Londres un 11 de octubre de 1928, pasearía el nombre de España por los circuitos de medio mundo, para convertirse en el más popular de nuestros conductores deportivos hasta la llegada de Fernando Alonso.

Aunque en la pista resultaba temerario, y por ello apreciado y reconocido, en su vida privada se mostró siempre un individuo inteligente, refinado y culto, que hacía gala de ser depositario de la herencia vital de una familia noble que había dado héroes y aventureros a través de los siglos (fue antepasado suyo el gran Alvar Núñez Cabeza de Vaca), lo que originó su rápida inclinación hacia la única actividad romántica que parecía quedar en el XX: el automovilismo, aunque cabe destacar que gracias a lo holgado de su fortuna también se permitió probar suerte como nadador olímpico, jugador de polo, y es del todo reseñable que en las Olimpiadas de Invierno de St. Moritz (1948) llegara a la final en la modalidad de bobsleigh careciendo absolutamente de experiencia... con el único propósito de ganar una apuesta.