Con esto de las cancelaciones de carreras por la crisis del coronavirus se nos ha quedado buen momento para recordar pruebas rarunas como el Grand Prix de Belgrado de 1939, único en todos los sentidos, porque sólo tuvo una edición y porque ésta se desarrolló recién iniciada la II Guerra Mundial, lo que vino a suponer su bautismo y funeral en una misma ceremonia.
Hace años, cuando pretendía ser más serio en mis planteamientos blogueros, ¡ejem, ejem, ejem!, dediqué una entrada a este Gran Premio y a su vencedor, Tazio Nuvolari, pero reconozco que no he sabido encontrarla, así que disculpadme la ausencia de enlace y permitidme que, si por un casual acabo encontrándolo, edite este texto y lo integre.
