A los del esto siempre ha sido así se les olvida, y además recurrentemente, que la salsa de nuestro deporte consistía antaño en la retroalimentación. Pilotos que se metían a constructores, mecánicos que se liaban la manta a la cabeza y parían equipos, etecé, etecé, etecé...
El tipo de la foto de encabezamiento, por ejemplo, supone dos Mundiales (1972 y 1974) apostando caro a la iniciativa de su hermano porque en Fórmula 1 no iba a ganar nada más. ¿Y cómo es eso?, me suelen preguntar, y suelo responder más o menos lo mismo: eran otros tiempos, de aventura mayormente. Nuestro deporte era un granero entonces, luego, sencillamente se acabó.

