Por suerte a Bernie no hay quién lo resignifique, ni quién le quite la gorra [La gorra], y eso que sus recientes advertencias sobre la deriva de nuestro deporte [Se trata de un campeonato de pilotos, no de ingenieros], se han materializado en un sutil cambio de compás en las composiciones de nuestros mejores bardos —no, esos no, los inmortales británicos a los que sacudo como español de bien pero dejo que me ocupen minutos de sana lectura.
Lo mejor de todo es que el inglés sí ha robado la gorra a alguien, Patrick Allen, cuyas palabras «¿Cuánto tiempo pasará antes de que el director técnico suba al cajón superior del podio, no el piloto?», pronunciadas en octubre de 2015, nos han servido para alimentar numerosos dardos envenenados lanzados desde el almenado de las murallas de Gorliz.




















