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domingo, 15 de junio de 2014

A tan solo 5 vueltas #25TLM [19]


Todo ha concluido y a pesar de los problemas sufridos en mitad de la madrugada, me siento razonablemente contento por la experiencia aunque molido hasta decir basta, porque ahora sé mejor que nunca por qué me gusta meterme en estos fregados y que hoy soy un poco más fuerte que ayer.

He visto el banderazo a cuadros y ya he embalado el invento y barrido el suelo y cerrado la persiana del garaje. Subo a comer y luego seguramente echaré una buena siesta, pero no quiero desaprovechar la ocasión para agradeceros a los que habéis estado a mi lado, que juntos hayamos conseguido terminar esta historia a tan solo 5 vueltas de la cabeza.

En todo caso, creo que no está nada mal para un equipo tan pequeño.

Os leo.

Un tiro más #25TLM [18]


La firma hegemónica de los últimos tiempos en las 24 Horas de Le Mans, Audi, no surgió de la nada en la prueba francesa ni mucho menos ganó en su primera batalla librada en territorio galo. El año 2000 supuso el inicio de su marcha militar, pero en realidad, su ejército llevaba tiempo preparando y midiendo sus fuerzas.

El año anterior la victoria había sido para BMW, una marca que forma parte de la imaginería de la carrera más famosa del mundo gracias a la siempre imponente presencia de los M1 a finales de los setenta del siglo pasado, uno de los cuales, fue decorado específicamente para la edición de 1979 por Andy Warhol.

¡Banzai! #25TLM [17]


Si hace unas horas mencionaba aquí mismo el carácter de desafío muscular que supuso Le Mans para la industria americana en la época dorada de la prueba francesa, y cómo sigue ejerciendo de tal en la actualidad aunque prácticamente en exclusiva en la modalidad GT, en lo tocante al otro gran invasor, Japón, hay que mencionar inevitablemente el factor económico.

Japón tiene querencia por las competiciones de Resistencia occidentales porque son un fabulosa plataforma de exportación tanto de tecnología como de vehículos, y en especial por las 24 Horas de Le Mans porque como activo no tiene igual ya que solo en la Sarthe es posible enfrentarse a auténticos dinosaurios para demostrar ante todo el mundo que eres más grande y potente que ellos.

El plan C #25TLM [16]


Es curioso cómo se pueden torcer las cosas. Hace unas horas creía tenerlo todo bajo control para descansar un poco y empezar el último tramo de mi pequeña apuesta con buen pie, pero el cansancio me ha jugado dos malas pasadas. La primera de ellas se corresponde con la edición incorrecta de las entradas que deberían haber cubierto los stints números 16 y 17, el último, precisamente este; y la segunda, con que ha sido coger la cama a las 03:30 y despertarme cinco horas después en vez de cuando tenía previsto.

A pesar del desliz horario y en estimaciones, para qué ocultarlo, si al levantarme las entradas 15 y 16 se hubieran publicado podría haber intentado una remontada in extremis para recuperar la vuelta y media perdida, pero ha sido acercarme al ordenador y ver que el agujero dejado a mis espaldas no era pequeño precisamente, sino bastante grande, quizás demasiado.

Evolución #25TLM [15]


Más tarde explicaré cómo precisamente en esta entrada se acababan para mí las expectativas de victoria, cómo precisamente a esta hora comenzaba a acumular un retraso considerable porque inevitablemente he acabado durmiéndome como un bebé, y cómo precisamente en el instante en que estoy retocando el párrafo de inicio de un texto que debería haberse publicado a las 06:00 pero que por error no lo hizo, salgo de garajes y toco pista de nuevo, concretamente a las 10:17 del domingo 15 de junio.

Evolución, sí evolución, vamos con ello.

Cantos de sirena #25TLM [14]


En el momento en que estéis leyendo estas líneas espero llevar un buen rato durmiendo a pierna suelta. La imagen de Marc Gené entrando exhausto y sudoroso en el box de Audi tras haber realizado un relevo muy largo y bastante duro, me ha puesto las pilas a la 1 de la madrugada para ganar un tiempo precioso que me hará falta cuando me levante dentro de una hora.

Conforme al plan que había trazado y que había compartido con vosotros, las entradas números 10 y 11 fueron escritas con cierta antelación a la hora de su publicación y ello me ha permitido despachar las dos anteriores a esta y las dos que la siguen, que como decía antes, estoy utilizando el espacio de ventaja conseguido para reponerme un poco.

El tarot de Marsella #25TLM [13]


Hemos pasado juntos el ecuador de las 24 Horas de Le Mans y siendo esta la entrada número 13 de la serie que me he propuesto a 25, me apetecía romper la baraja de lo políticamente correcto para hablar lisa y llanamente y en mitad de la madrugada, de uno de los ingredientes más perversos de la mítica prueba francesa: la posibilidad de que en su seno sucedan accidentes mortales.

Puede parecer duro decirlo así, sin pasar por el fuego y sin ningún tipo de ambages, pero Le Mans sigue siendo una metáfora del riesgo inminente incluso con la cantidad de medidas de seguridad que se han adoptado en los últimos años, y este aspecto forma parte del propio espectáculo y de la carrera misma y como tal, conviene asumirlo porque si la costumbre nos ha llevado a ningunear a veces el peligro, la cruda y testaruda realidad nos devuelve una y otra vez a un territorio que quizás jamás deberíamos haber abandonado.

Tomando la calle #25TLM [12]


Si tuviéramos que comparar cómo se acerca al vehículo de calle la Fórmula 1 y cómo lo hace la Resistencia, la segunda ganaría a la primera por absoluta goleada y no tanto porque la supuesta permeabilidad que dice promover la F1 resulte a veces jeroglífica, sino porque las carreras duras, el mundo del aguantar lo que te echen a las espaldas, ha sabido concretar más rápido y mejor que nadie, y desde casi siempre, cabe recordarlo, cómo es eso de que puedas aparcar delante de la puerta de tu casa algo que forma parte ineludible de la historia del deporte.

Me voy a dejar de zarandajas y melindres porque el cansancio aprieta y va siendo hora de hacerle caso, pero en cuanto a mecánica, tecnología y novedades aplicables al día a día, las 24 Horas de Le Mans y el rico mundo que la rodea como evento, ha llegado antes a la calle que esa entelequia que pretende antes que nada, que asumamos que es la máxima expresión del automovilismo deportivo y posteriormente, que renunciemos a hacer preguntas.

Los monstruos #25TLM [11]


Es la hora bruja, el momento en que me visitan los fantasmas más añejos de mi baúl de sombras, para recordarme que por encima de todo Le Mans es territorio de monstruos.

Delicadas carrocerías que a la menor ocasión ocultan potentísimos engendros, que rugen veloces sobre el asfalto de un circuito que ha grabado su nombre con el nick de leyenda en las páginas más hermosas del automovilismo deportivo.

Los otros #25TLM [10]


La parte más silenciosa de las 24 Horas de Le Mans tiene mucho que ver con esa soldadesca que lucha desde los garajes por ganar milésimas, centésimas, décimas o incluso segundos y minutos completos en un cambio de neumáticos, la sustitución de una gearbox, la reparación de una suspensión o simplemente en el llenado del depósito de los vehículos.

Los mecánicos son buena gente, que diría Dersu Uzala. Están ahí para lo que haga falta porque en La Sarthe la carrera no acaba por un incidente o un accidente hasta que realmente no existen posibilidades de que el coche vuelva a pista, porque si las hay, por pequeñas que sean, la tropa hará lo indecible para que los pilotos vuelvan a poder rodar a la mayor brevedad posible.

Iconografía #25TLM [09]


Hay que estar bastante ciego para no entender que la iconografía que rodea a las 24 Horas de Le Mans supone un activo difícil de valorar pero en todo caso de elevada cuantía, en cuanto a imagen se refiere.

Los participantes en la prueba francesa, marcas, equipos oficiales, semiprivados o privados a secas, incluso aventureros de todo pelo y condición, buscan rentabilizar sus inversiones y respectivos proyectos en términos mecánicos o tecnológicos, pero sobre todo, en énfasis de su propia imagen, ya que la sola presencia en La Sarthe independientemente de los resultados, supone un rotundo éxito que manejado por buenas manos, puede arrojar bonitos réditos o en el peor de los casos, asegurar volver el año que viene.

sábado, 14 de junio de 2014

Ex libris #25TLM [08]


Empiezo a acusar algo de cansancio y no quiero ni pensar lo que estarán sufriendo los que ahora mismo recorren el circuito de La Sarthe con la noche amenazando sus cabezas.

Sería un poco deshonesto por mi parte estar hablándoos de estrategias, de relevos y descanso y que no tuviera a mano mi propia hoja de ruta. Y sí, la tengo. En estos momentos sé que debo acelerar un poco sobreponiéndome al soporcillo que me ha propinado la digestión de la cena, para llegar como sea a programar con antelación los stints números 10 y 11 (01:00 y 02:00 de la madrugada, respectivamente), para encontrar así el hueco que necesito para escribir con algo de tranquilidad las entradas que cubrirán lo más duro que me viene encima. Solo si lo consigo, me acostaré un rato.

Otros tiempos #25TLM [07]


Bruce McLaren y Phil Hill trastean en el interior de un GT40. La escena, quizás por poco habitual para nuestros parámetros actuales, emana una atmósfera ciertamente especial que es difícil de imaginar que sucediese hoy en día y es que como tantas otras cosas, forma parte de ese pasado de nuestro deporte que todos sabemos que jamás volverá.

Pero tampoco hay milagro que valga, entendámonos. Cuando está tomada la instantánea, en la segunda mitad de la década de los sesenta del siglo pasado, los pilotos de Fórmula 1 acostumbraban a completar su calendario laboral participando en diferentes pruebas de automovilismo que por cercanía u oportunidad, les permitían seguir acumulando kilómetros y toneladas de experiencia al volante. Obviamente, las 24 Horas de Le Mans era una de ellas y para muchos de ellos, la preferida.

Cuando llega la noche #25TLM [06]


La disposición del circuito de La Sarthe, con su eje longitudinal situado sobre el mapa galo casi en dirección norte sur, con Tertre Rouge en lo alto y Mulsanne en la parte inferior, origina que el atardecer resulte más peligroso para los pilotos que el amanecer, ya que la zona más revirada y complicada del trazado apunta precisamente hacia el ocaso en buena parte de su recorrido.

En días de buen tiempo, el sol en su declinación baña de brillos y luz el asfalto y en ciertos momentos, incluso llega a deslumbrar a los pilotos, y aunque las protecciones de los cascos tienen en cuenta este aspecto y las viseras incorporan a estas horas filtros polarizadores, las continuas pasadas con el astro rey practicamente enfrente obligan a un esfuerzo sobrehumano a los conductores en aras de que no pierdan ni la necesaria concentración ni de vista las lindes que delimitan la pista, porque cualquier error, por pequeño que este sea, puede resultar fatal.

El tablero de dibujo #25TLM [05]


Para estas horas el compacto esquema de la parrilla se ha ido convirtiendo con el transcurso de las vueltas en una serpiente multicolor que alardea de su vigor frente a los miles de aficionados que se arremolinan en el circuito o en sus inmediaciones.

Si para los equipos más potentes es el momento de ir afianzando las posiciones, para las escuadras pequeñas es el instante de comenzar a echar cuentas porque Le Mans es sobre todo estrategia: valorar las fuerzas propias y las de los rivales, calibrar cómo y dónde durar y cómo y dónde atacar o defender, y cuanto antes se detecten los problemas, antes se podrán solucionar.

¡Es la guerra! #25TLM [04]


La figura del piloto siempre ha sido importante en la atmósfera de Le Mans aunque la historia de la mítica prueba de Resistencia se ha labrado fundamentalmente a base de nombres de escuderías y coches.

Tanto es así que hasta que fue sustituida por la actual salida en formación, los vehículos se situaban en batería a un lado de la pista y los conductores en el opuesto, dando lugar a un espectáculo tan peligroso como excitante en el que en cuanto se daba la orden de partida, los últimos corrían hacia sus respectivas monturas como un enjambre de bárbaros.

1950 tales #25TLM [03]


Imaginad por un momento que si la normativa lo permitiese, alguien, quién sabe quién, tuviese la iniciativa de coger un W05 de los que conducen actualmente Nico Rosberg y Lewis Hamilton en F1, para colocarle un asiento supletorio en paralelo al principal, carenar sus ruedas, poner un par de focos e inscribirlo a renglón seguido y tal cual en la parrilla de participantes de las 24 Horas de Le Mans...

Aunque parezca una exageración, que sin duda lo es, algo muy similar ocurrió en 1950, cuando el Talbot Lago T26 C Grand Prix que disputaba el Mundial de automovilismo recién estrenado, se convirtió con un par de apaños como los descritos más arriba en el T26 GS (Grand Sport) con el que padre e hijo Rosier alcanzarían la victoria en la edición correspondiente de la carrera francesa a la que estoy dedicando este racimo de entradas.

Diversidad y metamorfosis #25TLM [02]


Mi relación con el mundo de la Resistencia y en especial con las 24 Horas de Le Mans está repleta de altibajos y en ella existe más de un agujero negro. Con la Fórmula 1 también me ha pasado y sin duda me pasará de nuevo.

Lo que no me ocurre con la segunda y sí me pasa con la primera, es que cada vez que retorno al redil me encuentro con un mundo totalmente cambiado.

Potencia #25TLM [01]


Le Mans huele a potencia por los cuatro costados aunque la normativa no haya respondido siempre a esta sensación. Da lo mismo, es oír o leer Le Mans y que nuestra mente ruja entre caballos y más caballos de potencia porque en las 24 Horas, a diferencia de lo que ocurre en ámbitos como la Fórmula 1, todo el pasado suma.

Y es que a pesar de sus épocas malas, que también las ha sufrido, la prueba francesa ha sabido acumular la necesaria experiencia sin renunciar ni tanto así a su tradición.

Pecado mortal #25TLM [00]


Si no me fallan las cuentas, el de la foto de arriba es Lion André de Lourmel tomándose un descanso durante el rodaje de Le Mans, mítica película de carreras protagonizada por Steve McQueen que ha hecho más por la afición a este extraño deporte que toda su actividad junta durante años.

No me voy de baretas, me explico. El film de Lee H. Katzin se estrenó en 1971 y en aquella época, las carreras de coches se vivían desde dentro de los vehículos como afortunados protagonistas o desde fuera, como vulgares voyeurs