domingo, 15 de junio de 2014

Cantos de sirena #25TLM [14]


En el momento en que estéis leyendo estas líneas espero llevar un buen rato durmiendo a pierna suelta. La imagen de Marc Gené entrando exhausto y sudoroso en el box de Audi tras haber realizado un relevo muy largo y bastante duro, me ha puesto las pilas a la 1 de la madrugada para ganar un tiempo precioso que me hará falta cuando me levante dentro de una hora.

Conforme al plan que había trazado y que había compartido con vosotros, las entradas números 10 y 11 fueron escritas con cierta antelación a la hora de su publicación y ello me ha permitido despachar las dos anteriores a esta y las dos que la siguen, que como decía antes, estoy utilizando el espacio de ventaja conseguido para reponerme un poco.

Sea como fuere, toca seguir en carrera aunque carezca de piloto que me releve y no quería desaprovechar la ocasión para mencionar siquiera de paso, lo sugerente que ha resultado siempre a los americanos y japonenes vencer en la prueba de Resitencia europea por excelencia.

En sentido estricto, en el caso de los primeros podríamos hablar perfectamente de que hace décadas se tomaban lo de intentar la victoria en Le Mans como un auténtico desembarco en Normandía, pero quizás sería más preciso hablar de que los yankis, entendieron antes que y como nadie más en el mundo, que los cantos de sirena que surgían desde La Sarthe suponían un descarado desafío que ni podían ni querían eludir.

Tengo familia en EE.UU. y conozco de primera mano cómo responde un americano del norte ante un reto. Llevan lo de contestar a cualquiera de ellos tatuado en la sangre, quizás de manera más arraigada que los vascos, que ya es decir, y por tanto, para ellos, los desafíos sencillamente se resuelven con hechos y nunca con solo con palabras, un poco como pasa en las películas del oeste, donde por un quítame allá esas pajas se monta un duelo a tiros en mitad de la única calle que atraviesa el pueblo.

Así las cosas hay que reconocer que haciendo honor a la verdad, la armada U.S.A. ha conseguido victorias en las 24 Horas, como aquellas que dicen las malas lenguas que surgieron precisamente de un calentón de Ford frente a Ferrari entre 1966 y 1969, sencillamente porque la italiana no se dejó engatusar por la americana. Luego llegó Porsche con sus 917 y volvió a recuperar la corona para Europa, pero esa es otra historia de la que quizás hablemos luego.

A lo que iba. Europa o mejor dicho: la conquista por la fuerza de Europa, supuso hace mucho un auténtico revulsivo para la maquinaria automovilística estadounidense y aunque los preciosos GT40 de la de Michigan acabarían acaparando los focos y los éxitos a finales de la década de los sesenta del siglo pasado, lo cierto es que los yankis habían hecho acto de presencia en las 24 Horas de Le Mans mucho antes, con los espectaculares AC Cobra, y siguen haciéndolo ahora con los preciosos y potentes Chevrolet Corvette que disputan en la actualidad la categoría GT a Porsche y Ferrari.

El antes es lo que me interesa en estos momentos y aunque la foto de entradilla no corresponde a un Shelby que participara en la prueba a la que estamos homenajeando letra a letra aunque es similar a otros que sí lo hicieron vistiendo el azul distintivo del país de las barras y estrellas, no me diréis que no es francamente hermoso verlo así, anacarado por la luces que lo bañan pero igualmente desafiante, como escuchando los cantos de sirena que decía hace unos párrafos para responder sí o sí, con la cilindrada que oculta su capot delantero.

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