A Giovanni Canestrini ya lo referimos en esta misma sección a comienzos de 2024 [Una vida en las carreras], pero como la fortuna ha querido que apareciesen en el interior de una caja de las que ando removiendo actualmente en el estudio, Uomini e Motori, que, en sentido estricto, es la primera versión de Una vida en las carreras, y Mille Miglia, vamos con este último pues es el que todavía no hemos visitado de los escritos por el periodista italiano y forman parte de mi biblioteca.
Y bien, Mille Miglie (Automobile Club d'Italia, L'Editrice Dell'Automobile; Roma 1967) —aunque la edición que tengo delante corresponde a la reimpresión que se hizo en 1990—, es una obra de tamaño grande, de unos 30 x 23 centímetros, encuadernada en tapa dura y con la sobrecubierta y solapas impresas a todo color, cuyo extenso interior (280 páginas) va en el tradicional blanco y negro sobre un impecable papel couché satinado de buen gramaje. Obviamente, en cuanto a confección, nuestro protagonista de hoy es un señor libro, por lo comentado y porque ofrece documentación a paladas y material gráfico como para parar un carro.
Por encajar un poco su intrahistoria, cuando se publica hacía casi una década que la Mille Miglia había sido cancelada. En mayo de 1957 habíamos perdido para siempre a Alfonso de Portago, su copiloto Edmund Nelson y nueve espectadores. El accidente dejó también numerosos heridos de diferente consideración y, salvando las distancias, recordó tanto al de Pierre Levegh en La Sharte conduciendo un Mercedes-Benz oficial (1955), que la organización decidió que la carrera no volvería a celebrarse jamás, al menos en su formato original.
A Enzo Ferrari lo imputó la Justicia transalpina en 1958 por homicidio negligente, y aunque en 1961 se le declaró inocente de todos los cargos, aquello fue utilizado perversamente por la prensa inglesa de la época...
El caso es que Canestrini era un hombre que, además de resultar imprescindible en la creación de la prueba en 1926, destacó siempre por su leal compromiso con Italia, y sin actualidad que contar, compone para el ACI una visión panorámica de la competición que establecía un lazo por carretera que comenzaba y terminaba en Brescia y pasaba por Roma, profusamente ilustrada y, como mencionábamos antes, cargada de datos.
Quién sabe si después del impacto mediático que obtuvo la victoria en Le Mans de Ford sobre Ferrari en 1966 [Ford vs. Ford, 1966 (#24LeMans 34)], el autor decidió rescatar un antiguo texto suyo publicado por L'Editoriale F. Apollonio & C. (Brescia), en 1951, actualizándolo y dándole un nuevo brío, lógicamente, con el que vuelve a reivindicar la excelencia italiana durante el periodo de entreguerras y la etapa posterior a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, que se proyecta al futuro asegurando que se seguiría hablando de los logros de Italia en competición...
Ha habido carreras bellas, bellísimas, y luego está la Mille Miglia, y si bien es cierto que la historia la escriben los vencedores, en ocasiones ocurre que lo hacen si pasar los pertinentes controles de calidad. En este sentido, la obra que acabamos de visitar se convierte en el contrapunto necesario a esa fábula mal contada.
Os leo.

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