viernes, 7 de agosto de 2026

Amar este deporte


Por cuestiones que no vienen al caso, buscando la razón de ese puntito shakespeariano que tiñe La Odisea de Nolan, me he dado de bruces con dos comentarios vertidos por dos personajes relevantes de la crítica cinematográfica, que coincidían en programas diferentes al afirmar que no se puede amar de manera apasionada todo el cine, ni toda la música ni toda la literatura, porque es imposible, porque no es una cuestión de fe y el criterio formado te lleva inevitablemente a establecer afinidades, a ser selectivo en tus gustos, en una palabra, y, lógicamente, a elegir por encima de otras a determinadas películas, composiciones o libros, incluso del mismo autor.

Obviamente me quedé con la copla. No podía por menos que ser así dado lo cargante que suelo resultar en Nürbu aludiendo a los apasionaditos de los cogieron, esos aficionados y especialistas que creen neutralizar cualquier argumento en contra desenfundando El Sacrosanto Amor por la Fórmula 1 más allá de máquinas, escuderías y pilotos.

Sentí un profundo alivio, lo reconozco. 

No saberse solo es importante, y más con estas cosas. Y sí, tantas veces como he acusado de tener poca calle a este cáncer que nos consume en tanto colectivo, como veces han sido que estaba dando en la diana, para qué vamos a engañarnos, también un poco al estilo del arquero Sam Bartram cubriendo celosamente la portería de su equipo en mitad de la niebla, cuando el partido había sido cancelado quince minutos atrás sin que nadie le hubiera avisado. 

¿Amar este deporte? ¿En qué consiste exactamente eso...? 

Hace un par de semanas escribía aquí mismo sobre los paralelismos que se daban entre las conspiraciones que adornaban el resultado de la final del Mundial FIFA 2026 recientemente celebrado, y las que, aún hoy, justifican por qué Lewis Hamilton perdió su hipotética primera corona en 2007 [Mercancía en mal estado]. Para mi sorpresa, cuatro tipos de a pie, incluyéndome a mí, normalitos pero con la cabeza sobre los hombros, amantes de la F1, supimos armar en los comentarios una bonita muestra de cómo de puede adorar esta actividad sin necesidad de volverse ciego o tonto, o las dos cosas a la vez, tal y como exigen nuestra liturgia, nuestro catecismo vigente y el manual de buenas costumbres que rige entre la peña más apasionada of the World.

Os leo.

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