martes, 7 de mayo de 2019

Entre el blanco y el negro


Si la cosa está peliaguda ahí fuera con el tema del periodismo, en los pequeños límites de nuestro ombliguito formulero no andamos mejor, lo que pasa aquí dentro es que la profesión prefiere ir de tutú y buenos modales, pisando a pointe, porque lo de meterse en el traje NBQ para llegar a las entrañas de verdad ya no se enseña en la universidad...

Williams, un ejemplo. Grove está hecha unos zorros. Todos lo sabemos pero sin entrar a mayores porque desentonaría. La british press dice que sabe de qué va el asunto y transmite a sus bedeles que aunque todo está descacharrao todo está en orden, y estos trasladan puntualmente al personal más afín que es mejor no hurgar en la herida porque esto es un deporte de caballeros. Siempre lo ha sido, incluso cuando Ron Dennis trataba de limpiarle McLaren a un Mansour Ojjeh ingresado en un hospital por un doble transplante de pulmón...

Y como nadie tiene la ocurrencia de invitar a café a Paddy Lowe con promesa de no grabar nada, aunque con un micrófono pegado con cinta americana al pecho y una cámara oculta en el paquete de cigarrillos, nos quedamos con las ganas de saber de qué va todo y cómo es posible que toda una Williams esté donde está, lisa y llanamente porque es lo que conviene.

No sé a vosotros, pero a mí este paternalismo periodístico me toca mucho las avellanitas. Es lo habitual, no lo discuto, pero no por ello tiene por qué ser esencialmente bueno. Es más, diría que es profundamente perverso porque quien tiene el deber de informar protege a la fuente no de quienes podrían correrla a gorrazos, sino de quien tiene el derecho a ser informado, censurando, en una palabra, esa parte interesante de la realidad que debería ser conocida por todos.

Quien habla de la de Claire puede hablar perfectamente de la situación actual que atraviesa Montmeló. 

Mucho ir a chupar Wi-Fi al circuito barcelonés y vestir en redes sociales de pase de prensa, pero ni en los medios convencionales ni en los infinitos portales que dicen hablar de lo nuestro, he notado que nadie se haya ido al Ayuntamiento de Barcelona a indagar a cuenta de qué se ha metido cerrojazo a la subvención anual, o que se haya hecho entrevista a Chase Carey por saber si Zandvoort nos saca una cabeza de ventaja o todavía podemos seguir soñando. O que se haya contactado con don Manuel Aviñó en aras de saber si la Real Federación Española tiene fuerzas, o ganas, o intención de defender con uñas y dientes el Gran Premio de España. ¿Alguien ha hablado en serio con Vicenç Aguilera?, ¿ha intentado charlar un rato con los responsables de la Generalitat o ha pensado en que tal vez desde el Ministerio correspondiente se podría verter luz sobre el asunto...?

No os volváis locos, la respuesta es no, no, no siempre, fundamentalmente porque lo que nos va como país es el pagafanteo a la sombra de la prensa británica. En el caso del Circuit lo conveniente ahora es no hablar (sic), y en el de Williams tampoco, básicamente porque nuestros chiquillos —la edad da lo mismo—, prefieren hacer vídeos sobre el Valencia Street Circuit o tirar de estadísticas y datos con tal de ayudar a que la tropa asimile que Russell y Kubica están muy por debajo de las expectativas que levantaron cuando fueron confirmados como pilotos oficiales de una de nuestras mejores escuderías añejas; c'est pas possible!

La chavalería se me calienta cuando digo que son unos perfectos gilipollas. Entre el blanco y el negro hay un montón de matices, pero es lo que hay y a los hechos me remito: no sabemos nada salvo que conviene callar, eso y que George y Robert son reos de ser pasados por la quilla, aunque la mierda del FW42 que conducen podría suponer grave atenuante ante cualquier tribunal que se precie de ser llamado así.

Os leo.

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