sábado, 2 de mayo de 2026

Entrada sin título


En sentido estricto, antes de la clasificación para el Gran Premio de Miami me tocaría ser profundamente denotativo con la Sprint miamitarra, siquiera por evitar que se me vean las orejas de lobo bajo este disfraz de oveja que me he apañado para la ocasión, o quizá por asimilarme a periodistas y creadores de contenido que han vertido sus primeras líneas siendo escrupulosos con los datos y terriblemente pulcros con el uso del modo condicional...

Pero la cabra tira al monte —en este caso sería el lobo, ¡ejem, ejem!—,  y mi vena connotativa pide abrirse paso en estas líneas, entre otras razones porque ya tenéis disponible el podcast que perpetramos Álex y quien os escribe [Stop&Go #267 El estado de la Unión] el martes pasado, y resultaría imperdonable por mi parte veniros ahora desdiciéndome del cachondeo que se me escuchaba al micrófono como quien dice anteayer.

No, no puedo tomarme en serio lo que está sucediendo, básicamente en razón de que no hay nada peor que aceptar pulpo como animal de compañía porque la escaleta así lo demanda. 

Después de la movida de Lando contestando a The Guardian [Actores de reparto], lo menos que podía hacer Liberty con el chiquillo era darle un poquito de protagonismo y aire, más que nada para que no olvidemos que el británico es el vigente Campeón del Mundo aunque se le note poco.

Total, que McLaren ha resucitado, Ferrari sigue estando ahí, y Mercedes AMG ha acumulado un par de malas tardes —¡disuélvanse, por favor; no hay nada que mirar aquí, y no me hagan corrillos, coño!—, y, de esta salerosa manera, el Mundial sigue vivo aunque lo haga conectado a una máquina de ventilación asistida y con el RCP a mano por si llegara el caso de que hiciese falta. 

Os leo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ya son unos cuantos años en los que nos han estado timando decidiendo vencedores de antemano, pero lo de este nuevo reglamento ya es intragable; encima de favorecer a unos sobre otros, resulta que las carreras se han convertido en un truño aburrido en el que no se sabe que narices está pasando en realidad. Lo de los coches desacelerando por la cara según el "deploy" y demás jerga pirata es impresentable.
Y todo díos mirando al cielo y empeñados en que el emperador va vestido. Qué pena y qué pesadez.