lunes, 16 de marzo de 2026

Se nos ve la carpa


Un ex-SEAL con estrés postraumático rescata a una mujer y se enamora de ella, pero la pierde a manos de unos misteriosos secuestradores. Reúne a un equipo de élite para recuperarla, pero pronto descubre la espeluznante verdad: ha sido manipulada por un científico que está de luto por su esposa...

No es nuevo, cuando estoy seco de ideas recurro a las reseñas de películas para inspirarme. No me lo toméis demasiado a mal, es un truco de escritor como otro cualquiera —el truco es un cualquiera, no el escritor—, que a veces funciona o no y está por ver si hoy sale algo productivo de usarlo.

El caso es que el sábado me pasó algo bastante extraño, como al ex-SEAL de hace dos párrafos. En la cafetería mantuve un pequeño debate a media tarde con un aficionado de aquí, del pueblo. Mientras intentaba rebatir cada uno de los argumentos que esgrimía, el hombre se mosqueó conmigo, para terminar acusándome veladamente de defender lo indefendible porque él leía a los especialistas del periódico y a ver si iban a estar todos equivocados (sic), lo que vino a ser la confesión de la espeluznante realidad que da sentido al texto de entradilla: sí existe un científico viudo que va por ahí jodiendo a los ex-SEAL con estrés postraumático y manipulando a la gente, y, al parecer, se había pasado por Gorliz.

Me quedé inicialmente noqueado. Orroe frente al mundo que habitamos, y la leyenda en tanga de leopardo, añado como apunte de contexto. Confundirme con un tipo desleído o un periodista estuvo feo por su parte aunque no me importó demasiado, pero me hirió como una flecha envenenada el hecho de que puedas ofender a alguien tratando de explicar la parte técnica de nuestra actividad, la razón de sus cosas, y me hundió que esa exposición origine un pequeño incendio pues el escenario sólo significa que el periodismo está haciendo peor su trabajo de lo que imaginaba. 

Empiezas por confundir plena electrificación con hibridación [El boost], mezclas churras con merinas y lo aderezas todo con una pizca de un Newey que tampoco era para tanto, el legendario sonido de los V10 —personalmente me gustaba más el de los V12 Flat o Boxer—, la agenda 2030, una Honda que no sabe ni por dónde le da el aire a pesar de andar metida en la carrera espacial, y la cara de Fernando, que no falte, sobre todo cuando no le salen las cosas a Aston Martin, y obtienes como resultado un puré espeso de garbanzos donde resulta aconsejable no poner pie pues puede ser un plato sin fondo de arenas movedizas, en el que viven cojonudamente los que venden motos y humo negro.

Me he puesto las pilas y os juro que no me pillan en otra parecida. Que les vayan dando a los ex-SEAL enamoradizos, aquejados de estrés postraumático o sin él, y a los turbios científicos que no saben gestionar correctamente un duelo por la pareja fallecida. Esto va de la empanada mental que llevan a cuestas nuestros plumillas —los secuestradores—, que no les da para bajar la cremallera del pantalón antes de ponerse a orinar, y, obviamente, de que se nos está viendo la carpa del circo que seguimos llevando dentro.

¿Os gustó el Gran Premio de China? Me alegro una enormidad por vosotros, pero a mí no, y, ahora que nos quedan dos semanas hasta el de Japón, permitidme que os lo vaya explicando...

Os leo.

No hay comentarios: