miércoles, 4 de marzo de 2026

Zagreb 01


La fog of war aún no se ha disipado, pero, cuando lo haga pasado mañana, se iniciará el juego, habrá amanecido en Gorliz y me encontraréis en primera línea riéndome de los malos augurios y los cuentos asustaviejas, seguramente bailando la Haka maorí antes de encerrarme en el habitáculo, para conjurar con ella a los espíritus con tal de que su aliento no nos abandone lo que dure la temporada, porque va a ser larga, y dura, pero también extremadamente hermosa, imperial, homérica.

El jamón del que hablábamos el otro día entre risas en el SafetyCast, lo aposté con mis amigos a que Fernando terminará 2026 entre los tres primeros, y no supe, o quise, situar a Aston Martin debido a que con Lance en la ecuación hay más precipicio que suelo sobre el que pisar.

He elegido creer, supongo que lo habéis notado, y lo he hecho en base a que no me gusta que me mangoneen ni que me señalen por dónde se espera que salga el sol...

Como argumentaba mi buen amigo Nazario, toda apuesta se reduce a un 50% de probabilidades: sí o no, aciertas o yerras, te llevas los honores o la cagas estrepitosamente, aunque sea por la mínima, y en sintonía con este sencillo esquema, tengo meridianamente claro qué Norte va a señalar mi brújula de marzo a diciembre, básicamente porque ni se ha vendido todo el pescado después de entrenamientos, ni están las cosas para cerrar las puertas a nadie, mucho menos cuando el sistema está tangado y vende chisme como información de primera mano.

Bueno, luego está que apostar por el Nano o su escudería tasa a la baja en estos instantes, que nadie medianamente cuerdo llevaría la contraria a lo que aseguran los faros de nuestra actividad, y que esto también me incentiva, para qué voy a negarlo. En abril de 2023 dejé colgada la narración de la mariposa aguamarina y quizá todo consista en que me apetece retomarla, y cerrar así un ciclo donde las emociones resultan más importantes que los datos en F1, como hicimos en 2009, 2010, 2012 y 2017. Además, creer es un verbo maravilloso a pesar de que esté en desuso.

Ea, no doy más la turrada. La auténtica aventura comienza en unas horas y, penséis lo que penséis, sería idiota perdérsela.

Os leo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pues cierto, creer hay que creer, pero en este caso con la boquita cerrada por si sale cruz