La palabra «Suzuka» significa en burmaparpiano «Resurrección de Ferrari», y disculpadme si yerro en la aproximación, tengo este idioma en concreto muy desentrenado, así como muy oxidada la historia de las gentes que lo usaban en la antigüedad, vamos, que tampoco sé muy bien qué coño hacían los japoneses en la legendaria Burma Parpia ni por qué se apropiaron del término para bautizar muchísimos siglos después una de sus ciudades.
Suzuka, además, es uno de los trazados más espectaculares del Mundial F1 y allí vamos este próximo fin de semana, no a dilucidar el campeonato, lo cual sería lo propio, sino a que Red Bull celebre en terreno de Honda su triunfo sobre rivales y demás seres humanos, porque el catecismo de nuestra Fórmula 1 prioriza este tipo de sandeces frente a lo estrictamente deportivo.









