viernes, 24 de abril de 2026

Those daring young men in their jaunty jalopies


Cuando pensaba que no daba para más la búsqueda del ADN de nuestro deporte, o cómo coño lo definamos, viene el bueno de Seb y reabre la caja de los truenos posicionándose del lado de los más feroces detractores del nuevo ordenamiento técnico y sportive, lo que me lleva a plantear una duda razonable: ¿esto del ADN F1 va por barrios, como los festejos; o es que el susodicho carece de substancia, y, obviamente, así no hay manera de que aclaremos empíricamente si existe o no?

Vaya por delante que soy fan de Santo Tomás de Aquino, y, en consecuencia, acepto sin rechistar aquello del Misterio central de la Fe para explicar la Santísima Trinidad católica, y por ello creo que sí, que nuestro ADN va por barrios, y que, por muchas vueltas que le demos o por mucho que nos vistamos de Indiana Jones, jamás daremos con el quid de la cuestión porque vamos a encontrar tantos ADN como gente habla de él.

Partiendo de la base de que la aplicación de las novedades me siguen pareciendo perfidia pura, pongo por testigo a Álex, que me tiene que aguantar más de lo que nos convendría a los dos, para decir que, bajo mi humilde punto de vista, el bendito ADN de nuestra actividad es la evolución técnica constante, y que en el apartado humano —conductores y personal— la cosa sería definida por la adaptación. 

Mejoras inimaginables, entornos inexplorados, retos a raudales y Shit yourself, little parrot! con lo que implica todo esto cuando te pones al volante de un monoplaza F1.

Dicho lo cual, más que la opinión de Vettel al respecto —condujo sobre raíles toda su etapa en Red Bull y ya vimos cómo le fue en Ferrari y Aston Martin—, me interesaría saber la de Mark Webber. El australiano sufrió la cara oscura del Multi 21 en Malasia 2013, aguantó como un titán incluso los numerosos feos que le dedicó Herr Doktor Marko, pero en Resistencia se acabó reivindicando. Él sí, él sabe más del ADN de nuestro deporte que quince Sebastian juntos.

En fin, concluyo. Hay muchos ADN pero sólo una constante: los mejores se adaptan y saben sacar astillas a un hierro, o a una Normativa, ya que estamos. El tiempo nos dirá quién está a la altura y quién no. ¿El resto?, afirmaría que son ganas de gastar saliva...

Os leo.

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