martes, 6 de enero de 2026

Las reglas del juego


Hacía mucho que no invitábamos a don Alfredo a echar el ratito con nosotros y, bueno, he sentido una ligera alteración en La Fuerza y me he dicho: de hoy no pasa...

Lo habíamos dejado en que Patrick Allen, en 2015 Director del Circuito de Silverstone, le dijo entonces a Bernie que la F1 era un producto de mierda y así no había manera de colocarlo [Formula One slammed as «not saleable» and a «shit product» by Silverstone boss Patrick Allen]. Os sonará seguro, ya que, de aquellas declaraciones, he tomado prestada innumerables veces esta frase: «How long is it before the technical director is stood on the top step, not the driver?», premonitoria de narices...

En fin, sin duda hemos llegado al feo escenario dibujado hace algo más de una década, aunque si traigo todo este lío al blog no es por hacer una petición pública para que se levante una estatua de bronce a un tipo tan lúcido como Mr. Allen, sino porque hay un desánimo cada vez más palpable entre los integrantes de la vieja guardia, que se ven incapaces de contrarrestar con razones la alocada e imparable vorágine de la chavalada, sus crush, sus novias y sus santas progenitoras.

Las cifras nos dicen que todo esto va de puta madre, pero hay truco, porque Liberty Media, sabiéndose incapaz de colmar los anhelos de una afición formada en el criterio y los años de experiencia siguiendo las evoluciones de pilotos y máquinas, ha decidido pasar olímpicamente de este segmento de seguidores para cambiar de público con tal de que le salgan las cuentas.

Como nos decía otro Alfredo, nuestro profesor de Psicología en cuarto y quinto de Bellas Artes, lo importante en la vida es entender de qué va el juego y cuáles son sus reglas...

Y sí, Liberty nos ha barrido del mapa, admitámoslo. Nos ha vencido por goleada y nos ha suplantado convirtiendo en estéril cualquier esfuerzo por recuperar terreno. 

Esta Fórmula 1 no se parece en nada a la de los setenta y ochenta del siglo pasado, ni se va a parecer por mucho que canten las sirenas. Está indicada para dóciles que tragan cualquier cosa, para norteamericanos ignorantes, críos que acaban de descubrir que tienen pelillos decorando sus atributos, hooligans, opositores a influencer y recien llegados que, en dos días, pretenden sentir lo mismo que sentíamos nosotros cuando supimos de la muerte de Patrick Depailler, Elio de Angelis o Gilles Villeneuve, por referirme a un pequeño rosario de rosas cuyos nombres aún siguen sonando.

Os leo.

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