De las muchas circunstancias desfavorables para Lewis que existen a lo largo y ancho de su carrera, Toto Wolff ha decidido escoger la más descacharrante de todas, no por lo que supuso —eso no se puede cambiar, y fue bastante grave—, sino por la abundante literatura que la ha negado de 2007 a esta parte.
El austriaco o no ha hablado con Hamilton o no ha hecho caso a las voces que todavía hoy juran sobre la Biblia que aquel campeonato se perdió con toda la intención del mundo.









