No creáis, me resulta extraño ponerme al teclado escuchando Duo des fleurs (Lakmé, Léo Delibes), dispuesto a echar el ratito escribiendo sobre Russell, pero el tema viene integrado en la banda sonora The Hunger, de Michel Rubini y Denny Jaeger, y George se merece una música delicada como fondo musical ahora que ha descubierto que no cuenta para el Mundial de Pilotos de este año.
Esta misma mañana Álex y yo hemos hablado largo y tendido sobre vampiros y vampirizaciones en Internet, y sobre cómo, a pesar de todo, sigue mereciendo la pena intentar ser buena persona en cada momento.
El de Norfolk me lo parece a pesar de que su imagen ha quedado muy lastrada por las exigencias de docilidad que le ha impuesto don Torger Christian Wolff a lo largo de su carrera, y, a mi humilde entender, por esa mierda de campaña que el austriaco encalomó al británico en 2024 con tal de que al morenín de Amama no se le lastimara el ego una vez había firmado por Ferrari, pero, así y todo, forzó seguir ocupando la plaza mayor en Brackley.
Toto no tuvo huevos de dar a Russell la oportunidad que merecía, y eso que la ocasión la pintaban calva. Enzo Ferrari tuvo menos miramientos con Niky Lauda en 1977. A ver, la que lió el vienés en Fuji del año anterior no fue cosa menor, pero Il Commendatore tenía todo eso que le falta a Wolff incluso cuando le edulcoran los oídos llamándole racer...
Tampoco ha ayudado su papelón desde 2021 en la GPDA (Grand Prix Drivers' Association). Hacer de Nemo en un tanque plagado de tiburones suele acarrear funestas consecuencias porque entre las responsabilidades del cargo y que la peña que luego no tiene lo que hay que tener para llamar las cosas por su nombre, pide sangre y muestra de agallas, y cojones, y dar golpes sobre la mesa, estás muerto antes de tocar agua.
Venía Antonelli y todos sabíamos qué iba a pasar con nuestro protagonista cuando el chiquillo comenzara a demostrar que se parece de lejos a Senna.
Estaba anunciado, en lo que llevamos de temporada he escrito varias veces sobre esto mismo que está sucediendo: la opereta de Wolff, una miaja de amenaza de Maranello, pero poquita, un atisbo de McLaren, y Russell muriendo como San Sebastian fue sacrificado maniatado a un poste.
La parte buena es que George ya sabe cómo las gasta su padre [No, I'm your father]. La mala, que una buena persona y un piloto que merecía mucho más de lo que le han dado, espera solo en el andén a que pase un tren que él y nosotros sabemos que no volverá a parar.
Os leo.

1 comentario:
Desde ahora, Jordi Rosell. ¿Verdad, Mundt?
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