Dicen que todos llevamos dentro un Jean Valjean que busca ciegamente al implacable Javert para ajustar cuentas con él, aunque, sólo tal vez, esta noche no sea el momento indicado para hablar del protagonista de Les Misérables y sí lo sea para dejarse mecer en los brazos de todo lo bueno que nos ha brindado 2025, aunque no haya sido un año especialmente generoso conmigo.
Tengo familia sij, del Punyab indio, y me he permitido señalar esta entrada con el saludo al año nuevo que hacen a orillas del Ganges para que don Arturo no sea capaz de poner un pero ni cambiarme una coma.
Allí ya es 2026. Ana y Shivaan son los primeros que han cruzado la línea de meta, adelantando a la familia filipina de Ryan y Sara, que celebrará aquí la Nochevieja con el hueco dejado en la mesa por aita Rudy. Los de Amberes van con nosotros —cosas del horario de la vieja Europa Continental—, junto a los de la península y Dublín, estos últimos en Alicante desde esta mañana. Luego le toca a Armintza y Gorliz, y, charco mediante, a Buenos Aires y Mar del Plata, para que, algo después, la tribu de Alabama tome las uvas...
Ariel me ha desaconsejado ponerme en vena Tanguera o deleitarme con las obra de Nine antes de las once de la mañana, bajo ningún concepto, dice que me sienta fulero y Álex se muestra de acuerdo con él, y seguramente haré caso al bonaerense porque a pesar de sus altisonancias y desafueros siempre lleva algo de razón, pero a lo que vamos: entenderéis que con esta circunvalación familiar al globo me resulte complicado aceptar las tesis del terraplanismo, o quedarme quieto, o ponerme a cambiar con la edad que tengo. Además, puedo ser aitite (abuelo) este año que abrimos en un rato, y eso no me lo pierdo aunque haya que esperar al 27 o cuando toque...
En fin, el árbol de Navidad de casa va perdiendo sus bolas como las hayas de Urkiola se despojaron de sus hojas este otoño pasado. El mundo es muy chiquitito y rebosa esperanzas, y podemos abrazar sus cosas con un sólo movimiento, únicamente es cuestión de valorar correctamente el factor oportunidad, y os animo a que lo intentéis antes de poner la mesa de Nochevieja, que, en mi caso ya va tocando y lo haré en solitario. Je m'appelle Valjean!, pero bien puedo seguir buscando a Javert después de Reyes.
Os quiero. Naya saal mubarak!, y, ¡coñe ya!, dadle dos vueltas: nunca seremos más jóvenes que ahora.

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Feliz Año
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