miércoles, 25 de febrero de 2026

Póiesis


Al parecer estamos de suerte. El Flavio que habita ahora en boca de todos no es un Flavio cualquiera, es un Flavio resignificado que ha dejado de ser un mafioso y un tipo de poco fiar, cuyo pasaporte italiano y maletas importan bastante menos que cuando tomó las riendas de Alpine o se apañó a Franco Colapinto como pupilo.

El de Verzuolo ha lanzado puyita contra el deporte [Briatore advierte con el riesgo de declive en la Fórmula 1: «Es simplemente un desperdicio de esfuerzo»], y eso ha bastado para que veamos la historia de diferente color, concretamente del que nos están indicando los que buscan afanosamente a Mohammed ben Sulayem para inflarlo a sopapos, porque si la Normativa ha fallado en entrenamientos, en nada tendremos culpable en la cúpula de la egregia institución que vela por todos nosotros, con Monsieur Le Président a la cabeza, lógicamente.

Empero, Guenther Steiner nos aclara en varios de los pasajes de sus dos libros [Sobrevivir a toda velocidad] y [Sin filtro], que las cosas no son como se nos están presentando. 

Bernie en su día, Liberty a partir de 2017, proponen a los equipos una serie de caminos enfocados a mejorar el espectáculo. Las escuderías los discuten y plantean un escenario, en plan carta de intenciones, para que la FIA lo instrumentalice dotándolo de reglas. A partir de este instante, la Federación elabora borradores y comienzan las discusiones y la fase de trabajo propiamente dicha.

Diríase, bajo esta perspectiva, que Flavio apuntaba a Liberty Media en sus advertencias, no a la FIA, pero, por la razón que sea, el gentío está asumiendo que la responsabilidad del supuesto pifostio reside en la parisina Place de la Concorde en vez de en las oficinas del 120 de King's Road de Londres...

En realidad no sé ni para qué me molesto en contar estos pormenores, salvo por las razones que os resultan obvias, pues Flavio llegó a la Fórmula 1 cuando el menú 2026 ya había sido perfilado en sus líneas maestras, vamos, que lo mismo que puede haber estado criticando a la propietaria de los derechos de explotación por dar indicaciones que ni al que asó la manteca, lo podría estar haciendo a la antigua cúpula de Alpine por haber apostado por un sapo tan grande para cenar. Luego está la cosa de haber cambiado de Viry Chatillon a Brixworth, y las gabelas y la obediencia debida como cliente... Un lío, que sé que me entendéis.

El caso es que esto de la resignificación, palabra que se ha abierto paso entre nosotros y nuestro lenguaje común, y arraigará, fijo, amén de para volver loco a Álex cada vez que la he pronunciado en nuestras conversaciones por teléfono, me recuerda al término poietica, que viene del griego póiesis y, sin el que nuestros trabajos de segundo y tercero de Bellas Artes valían un pimiento porque eran reos de ser juzgados en rebeldía inmediatamente, y quemados luego en la hoguera.

No me quiero poner intensito, pero nos ha fallado la póiesis, el proceso de creación, vaya. A resultas de lo cuál, Flavio ha quedado resignificado y nosotros no sabemos ni dónde meternos, aunque los cañones de la british press, y los nuestros, apunten ahora a un lugar equivocado y Domenicali y su tropa se saldrán de nuevo de rositas.

Os leo.

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