domingo, 13 de septiembre de 2020

Comprando el Valhalla


Me disculparéis si no se me erizan los cabellos cuando pienso en la cuenta corriente de Lawrence Stroll y prefiero mirar Racing Point como una escudería de las diez que hay en la parrilla, más que como un milagro cegador.

Don Lorenzo compró los restos de Force India y aquí empieza todo, al menos nominalmente, ya que, en realidad comienza antes, con su colegueo millonario con Williams, que dejó a la de Grove compuesta y sin novia y con dos temporadas para tirar a la basura. Pero sí, podemos convenir en que nuestro protagonista adquiere una escudería en desguace y empieza a levantar su imperio con un montón de contactos nuevos en su agenda pero sin mucho que decir, pues Racing Point se hunde hasta la séptima plaza de la general en 2019, replicando la posición obtenida en 2018 sin los puntos de Force India —el acuerdo para que RP pudiese disputar lo que quedaba de sesión incluía esta peculiaridad.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Estamos solos, Mando


Mientras estiro el ratito a la espera de que comience la IndyCar en Mid-Ohio, me apetece echar unas líneas sobre el papelón que está protagonizando Sebastian Vettel en sus últimos días como Mesías de Maranello, ya que en plena celebración de las 1.000 carreras de Ferrari en Fórmula 1, el alemán no ha tenido mejor impertinencia que dejar que Aston Martin anuncie su fichaje para 2021, amén de mostrar, una vez más, que no va a mover un puñetero dedo para mejorar las cosas en La Scuderia con la intención de salvar los muebles este año y dejarla en buena situación de cara al que viene.

Imagino que sigue encendiendo el primero las luces del garaje y las apaga el último, que no falte la gotita de postureo, pero por muy malo que sea el SF1000, no es de recibo justificar que el tetracampeón insista en enseñar al mundo lo mal que lo están tratando, porque ya no cuela.

Gigantes y cabezudos


Me sigue intrigando por qué supone una falta de respeto hacer leña del Vettel caído, ya que supuestamente Ferrari le da al alemán una tartana, mientras que la peña se columpia con Bottas porque, supuestamente también, debería arrinconar a Hamilton en vez de conformarse con ser un segundón de caca...

El de Nastola ha visto hoy truncada la posibilidad de hacer un buen tiempo porque Esteban Ocon se ha ido al prado y el sector 1 de Mugello ha quedado marcado por la presencia de banderas amarillas. Pero da igual, su coche es idéndico al de Lewis aunque en Spa-Francorchamps no pudo usar cierto mapa motor ya que Brackley no lo consideró pertinente, en Monza se quejó el finlandés de que su mapeo era una mierda, y a saber qué le dispensará mañana la sabiduría del muro germano-británico en la Toscana.

The French Sports Car Revolution [Anthony Blight]


Mi copia de The French Sports Car Revolution (Haynes Pubns; 1996), no deja de ser un grueso PDF debidamente encuadernado en polipiel azul, que ocupa un lugar destacado en mi biblioteca de libros de autos, no obstante, a pesar de carecer del enorme bagaje fotográfico del original, sigue subtitulándose «Bugatti, Delage, Delahaye and Talbot in Competition 1934-1939», dejando constancia de que es un homenaje a los grandes precursores del automovilismo de competición, que lejos de ser ingleses, como se acostumbra a afirmar, fueron firmas francesas.

El desaparecido Anthony Blight (Talbot Owners Club), piloto, coleccionista y especialista, así como escritor de Georges Roesch and The Invicible Talbot, aborda en este libro que traigo hoy a Nürbu los cuatro pilares del deporte galo sobre cuatro ruedas en los años anteriores al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

viernes, 11 de septiembre de 2020

Toscana, day one


Soy un romántico de tomo y lomo. Confesaba el otro día que andaba muy perdidito con el circuito de Mugello [Empiezan los postizos], y no he tenido mejor ocurrencia que dejarme llevar por las evoluciones de los vehículos en el trazado toscano, descubriendo que, en carrera, el verde y la gravilla se pueden convertir en aliados del espectáculo.

Como era de esperar, los Mercedes AMG han vuelto a marcar el paso a todos sus rivales y, en sintonía, no ha faltado quien ha vuelto a alzar la voz solicitando que lo aceptemos, que son los mejores porque los demás no les llegan. No he visto escraches ni tumultos vociferantes frente al domicilio de Toto y Susie Wolff reclamando que devuelvan nada, ergo entiendo que todos lo aceptamos y nuestras quejas son como aquellos sonetos que escribían los románticos del XIX, bonitos de leer, inflamados, inspiradores pero inocuos, que ya dejó escrito el poeta Keats en su lápida: «Here lies One Whose Name was writ in Water.»

Os leo.

Vienen días de entretenimiento


Dice mucho del espectáculo que nos espera, que un equipo como Racing Point, que en 2021 aspirará al cuarto puesto de la tabla general de Constructores en la mejor de las estimaciones, se haya pillado como estrella a un piloto que jamás ha ganado saliendo desde la tercera línea de la parrilla.

Entiendo el subidón de la peña, bueno, de aquella manera, pero la Fórmula 1 va de sensaciones y mayoritariamente de tangibles. 

jueves, 10 de septiembre de 2020

El jamacuco adyacente


El asunto iba tan bien, a decir de algunos, que la actualidad no para de regalarnos sustos que podrían empezar a medirse en la escala de Richter, seguramente porque la deriva de la Fórmula 1 estos últimos años ha sido cualquier cosa menos normal. Ya sabéis, un negocio que no cuida de sus socios ni de su público potencial está llamado a ser historia más pronto que tarde, y es así por mucho que los estiraditos se empeñen en establecer comparaciones con etapas de nuestro deporte que soportaban menos exigencias y, a cambio, ofrecían toneladas de show por centímetro cuadrado.

No me voy a entretener escribiendo sobre lo que he dicho innumerables veces. Si soy honesto, apuntaré que empecé a hablar del modelo de Bernie en términos de arterioesclerótico, fracasado o colapsado, como gusten ustedes, casi al poco de abrir el blog en agosto de 2007, que se dice pronto. 

Soul cake


Nos acercamos a las 24 Horas de Le Mans y hay tantas cosas de qué hablar, que tocar, que el mundo se me ha hecho pequeño. Me he levantado con una sonrisa en los labios por el buen dormir, porque el primer café me ha salido de cine, y porque hay cosas que no cambian, como que los terraplanistas anden barajando la posibilidad de que yo esté detrás del troll que le ha salido a un memo arrogante en redes sociales.

Mi vida tiene de ancho lo que dan mis brazos puestos en cruz, de punta de dedo corazón a punta de dedo corazón, no más, y anda que no tengo entretenimiento diario como para desperdiciar minutaje y energías ayudando a que el aludido se termine ahogando en su propia bilis. 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Las cosas de don Lawrence


Lo siento por Checo, más que nada por el trasfondo que se intuye en su comunicado de prensa, pero, como he venido diciendo cada vez que hablaba de él, el mexicano era el primero en saber qué posición ocupaba en Racing Point y qué expectativas reales manejaba. Aunque lo siento más por los que pudiendo hacer análisis sobre una parrilla que quedaría muy mermada si el de Guadalajara no encuentra hueco para el año que viene, prefieren hacer figuritas en el aire con hilos de alta economía y cosas que no entiende el vulgo, ni ellos, añado.

Y es que a ver, intuyo que muy mal deben estar las cosas en las previsiones de Lawrence Stroll al respecto de Aston Martin, para tener que recurrir a copiar el W10 de Mercedes AMG y a deshacerse de Pérez con Vettel como recambio. 

«Fuck engine!», pero menos...


Venimos de una temporada 2019 en la que Carlos Sáinz parecía el nombre de un ente sin sustancia física porque el FOM hacía todos los posibles por no sacarlo en las retransmisiones, y de una carrera, en concreto, en la que mientras el madrileño recortaba segundos a Pierre Gasly en el Gran Premio de Italia, la bendita maquinaria manipuladora nos brindaba planos de Lewis Hamilton; y con esto sobre la mesa todavía hay pardillos que creen que no hubo mala intención aireando el «GP2 Engine! Aaaargh!» que profirió Fernando Alonso por radio, durante el GP de Japón 2015, ni hay gato encerrado en el empeño por ocultar que Max Verstappen suele dedicar versos sucios a Honda cuando su unidad de potencia hace pataplof o no rinde lo esperado.

No es la primera vez que Max saca a pasear la lengua para cuestionar la unidad de potencia de su coche, pero en Monza ha sido más claro que nunca: «Fuck engine!» signigica lo que significa y, honestamente, hay que ser muy memo para ponerse a catalogar si esto es más fuerte que lo de Suzuka de hace cinco años o si Max es tan sincero el hombre y dice las cosas tan a las claras, que no cabe otra cosa que entenderle, no como a Fernando, que esbozó su frustración a mala entraña porque así nos lo tiene dicho el Padre Prior.

Ea, con Dios. Os leo.