viernes, 17 de agosto de 2018

Terraplanismo [VI]


Para los terraplanistas jovenzuelos es difícil de entender, lo comprendo. La Tierra ya era plana cuando nacieron y pa'qué complicarse la vida, ¿no?

Sin embargo, para los viejos y no tan viejos del lugar, la esfericidad de nuestro planeta ha dado para mucho en nuestro deporte, tanto como para que no haga tantos años, la virilidad, el arrojo y la dureza y frialdad a la hora de rematar al rival en pista, fueran auténticas señas de identidad de los héroes y genios de entonces. 

Obviamente, la Fórmula 1 paseaba con orgullo por los circuitos de Dios los colores y distintivos del tabaco y el alcohol —también hubo presencia de preservativos y alguna revista de chicas ligeras de ropa, y ABBA, que no se me olvide—, y no estaba tan comprometida con el branding y la mercadotecnia de bancos, fondos de inversión o petroleras, etcétera, más dados a que la imagen que muestran los pilotos sea coherente con la que pretenden ofrecer sus respectivas marcas al público en general.

Lo fascinante de la Fórmula 1 consiste en que no se puede separar alegremente lo que ocurre sobre el asfalto los fines de semana de Gran Premio, de los intereses económicos que la afectan como actividad y espectáculo, del poder político en el paddock, de los compromisos con el patrocinador, etcetera. Se puede hacer, ¡claro que se puede hacer! El terraplanismo lo hace constantemente: valora a un conductor por lo que hace el sábado y el domingo, y se olvida de lo demás...

Así, a tontas y a bobas, se nos ha metido en la cabeza que nuestro deporte funciona poco menos que como una corporación y no como un circo donde los gladiadores salen a la arena a darse duro, y si se pasan, se ganan dos hostias o que el árbitro los expulse luego de sacarles la tarjeta roja.

Nos hemos vuelto blanditos porque estamos en manos de quienes estamos, y porque consideramos que hay que ir con traje y corbata y no pronunciar una palabra más alta que otra, ya que para recordar la grandeza del pasado ya tenemos a Charlie Whiting, que el tío muestra mucho cuidado en dejar que las señas de identidad de la Fórmula 1 afloren sólo en determinados pilotos, ya que al resto, les aplica el rigor del reglamento deportivo y sin cortarse un pelo. Es un pecado venial, indudablemente fruto de la necesidad, pero muy efectivo porque los soplagaitas terraplanistas lo compran sin pestañear.

Ya no se fuma en paddock ni Keke Rosberg enciende sus cigarrillos con el cigarrillo de nadie. Todo es guay, limpio, inmaculado. Incluso las nuevas aficiones dicen serlo porque éste es un deporte de caballeros, aunque podría hablaros de cómo la bancada de seguidores de James Hunt recibió a Niki Lauda en Nürburgring 1976 con abucheos, pitos y pancartas llamándole gallina, o recordaros otra vez, cómo a Damon tuvo que protegerle la policía alemana de igual forma que a Prost lo sacó en Brasil la brasileña. Massa ayudó a que el equipo Toyota saliera ileso de Interlagos, y estamos hablando de 2008...

En fin, por mucho que vista rasgarse las vestiduras en público porque tal o cual piloto se cisca en los muertos de sus jefes, o del deporte mismo, estas actitudes suponían un valor añadido hace no demasiado, seguramente porque el antes no es igual al ahora, en ninguno de sus aspectos.

Os leo.

2 comentarios:

anonimo dijo...

Por lo que comentas tú eres de los míos. Hemos visto F1 a carburadores, al ahora "Sir" Frank acarrear sus propios neumáticos por los pits, al bueno de Gilles conduciendo a ciegas como un loco, con el morro de su Ferrari delante del casco, y recordamos con nostalgia cuando al levantarnos por la mañana teníamos algo que peinar en nuestras cabezas.
Pero la F1 cambió, "evolucionó" según se dice, y eso no corre más. Duelos como los de Villenueve y Pironi (dentro del coche) o los de Piquet y Salazar (debajo del coche) ya no se ven. Tiene algo de bueno (no puedo ser condescendiente con la violencia) pero le ha quitado salsa a nuestra comida de los domingos.

keskusracing dijo...

Se nos va el último gladiador de la F1. Veremos a ver si aparece otro en esta época de astronautas (valga la metáfora).