Vaya por delante que, a estas alturas tan tempranas de la película, resulta igual de bobo negarle el pan y la sal a Ferrari como apostar a que la italiana logrará uno o los dos mundiales que hay en litigio, aunque se percibe tanta anglofilia perversa en el ambiente que bien merece que eche el ratito tratando de atemperar el ánimo de Óscar, el pequeño Adrián de mis tardes con Ernesto. Así que todo esto va por él y por la memoria de Iron, y también por Xavi Català y la ocurrencia que tuvo de quitarme casi cuarenta años de encima rescatando a Desireless.
Como es de sobra conocido, este año no he me he metido a hablar de los monoplazas antes de que comenzara el lío, básicamente porque el cuerpo no me daba el mes pasado, lo que en modo alguno implica que no los haya acariciado a todos con mimo, como solía hacer hasta hace nada.



















