Otro fallo a sumar a los muchos que voy acumulando entre mis previsiones de hace ocho meses y la cruda realidad a finales de septiembre [Conformismo (McLaren)], pero en esta ocasión con un sabor tremendamente agradable, por cuanto lo que han declinado hacer Ferrari y Mercedes AMG, lo ha hecho un equipo de media parrilla con muchísimas menos posibilidades en su haber: aprovecharse de la debilidad de sus más directos rivales y escalar hasta casi rozar el cielo.
Insisto en lo que llevo diciendo desde hace tiempo: todo esto le venía muy grande a Woking, y el muro de la papaya ha demostrado con insistencia numantina que ni la gestión de la pareja de conductores ni las estrategias han sabido estar a la altura de una posición de privilegio que, prácticamente, les ha caído del cielo.









