La filosofía de Enzo Ferrari de fabricar y vender deportivos para mantener la actividad de Scuderia Ferrari, su gran pasión, había generado una paradoja. La italiana gozaba de una importante variedad de vehículos que permitían tocar los palos más importantes de la competición, bien oficialmente o de manera privada, pero la exclusividad que pretendía Il Commendatore para la marca, la participación en el Mundial de Fórmula 1 y las exigencias derivadas de mantener el tinglado en pie, empezaban a comprometer la viabilidad y futuro de Il Cavallino Rampante. En cierto modo, a comienzos de los sesenta del siglo pasado, Ferrari estaba muriendo de éxito.
Pero a lo que vamos, bajo la presidencia del conde Hadelin de Liedekerke Beaufort (elegido en 1958), la Federation Internationale de l'Automobile se había embarcado en extender su poder sobre los formatos del motorsport más relevantes, y así las cosas, en 1962 el Mundial de Resistencia (World Sportscar Championship) incorporaba el International Championship for GT Manufacturers y La Coupe des Sports.





