Tengo que hacerme mirar esta querencia que muestro por las decoraciones negras salpicadas de dorados. Si ya lo admitía cuando me referí al Lotus 72, hoy tengo que agachar las orejas ante la evidencia de que otro de mis cachivaches más idolatrados iba pintado de negro y oro.
Vale, puedo defender la cosa tirando de lo mío, vamos, que el negro del Lotus pertenece a la gama Black Ivory, y que por tanto sus reflejos tienden de manera natural hacia los pardos, como le pasa al pelo de Bagheera (está hecho un perfecto gandul adolescente), siendo diferente al del WR1, que en el fondo es un azul oscurísimo, razón por la cual sus destellos son ultramares, pero terminaría por aburriros y no es plan. Básicamente es como si trato de explicaros las diferencias entre un Gris de Payne y uno sombra, así que mejor lo dejamos en que el trasto de Colin Chapman y el de Walter Wolf son dos de mis monoplazas preferidos, aunque hay manifiestas coincidencias en eso heráldico y medieval que destilan sus respectivas decoraciones.
