No llovía media hora después del inicio del Gran Premio de Hungría, pero sí lo hacía en el instante en que el semáforo se apagó, y la fatalidad quiso que se diera un cúmulo de circunstancias que acabó con el abandono de cinco vehículos con sus respectivos pilotos sin haber dado una miserable vuelta a Hungaroring.
He recurrido muchas veces a una conversación que protagoniza Clark Gable (como James Gannon) en Teacher's Pet, así que os ahorro los preámbulos. El curtido editor aborda al novato de la redacción cuando el periodismo de verdad se enseñaba en las redacciones: «Oiga, Miller, nosotros publicamos anuncios: dos líneas 25 dólares. El espacio que utilice no podemos venderlo. Tome este artículo y trate de ahorrarnos 300 dólares. Y no haga una simple refundición, se ha descubierto que el muchacho tenía cómplices.» El aludido negó la mayor, «No, Salas iba solo cuando mató aquel hombre…», pero el viejo periodista remató a puerta vacía: «Tenía cuatro compinches, iban siempre con él. Pobreza, amargura, prejuicios y desesperación; Salas apretó el gatillo, pero ellos cargaron el revólver...»


